Recuerdos de Infancia y de Juventud, Ernest Renán

[Souvenirs d’enfance et de jeunesse]. Libro publicado por Ernest Renán (1823-1892) en 1883, especie de autobiogra­fía poética de sus primeros años.

El escri­tor empieza evocando a su país de Bretaña, con sus antiguas y singulares costumbres, su mítica religión mezclada con extrañas leyendas, la gente de su pueblo, los tipos que le hicieron más impresión y lo pusieron por primera vez en contacto con la huma­nidad. Más que trazar una verdadera his­toria de su propia infancia, hace vivir, por episodios, el ambiente de sus primeros años. Entre estos recuerdos («Le broyeur de lin», «Saint Renán», «Mon oncle Pierre», «Le bon- homme Systéme et la petite Noémi») se in­cluye la famosa Plegaria sobre la Acrópolis (v.), que sirve para iluminar por contraste la mística atmósfera que había de marcar una huella tan fuerte durante toda su vida.

A partir de cierto momento, cuando el mu­chacho, destinado a sacerdote, entra en el seminario, la historia de la adolescencia y de la juventud se funde con la de su edu­cación; primero los buenos sacerdotes bre­tones de la escuela de Saint-Nicolas, que sólo enseñan latín y matemáticas, sólida­mente encerrados en su fe sencilla; luego, París, con el mundano seminario de Issy, dirigido por el prestigioso monseñor Dupanloup; por fin, la escuela de Saint-Sulpice, donde se inicia en los estudios de alta filología que orientarán definitivamente su vida de hombre y de estudioso. Al pasar de la teología racionalista a la exégesis de la Biblia y a los estudios de historia de la religión, el joven Renán, de alma delicada y meditativa, siente nacer las primeras du­das; cada vez le resulta más difícil creer en aquellos textos sagrados que su indaga­ción histórica le hace parecer contradicto­rios.

Casi sin darse cuenta, se encuentra en plena crisis de conciencia; de ahí el aban­dono de la carrera eclesiástica, la salida de Saint-Sulpice, los primeros pasos en el mun­do como «laico». La historia de dicha crisis está llevada con mano tan delicada y pre­cisa, con respeto tan escrupuloso a la ver­dad, que confiere a la experiencia personal del autor un enorme valor humano. Así se define con la máxima precisión la posición moral de este raro escritor: alma profunda­mente religiosa que, sin embargo, no con­sigue creer en una religión positiva. Pero ha sido un «clericus» y lo seguirá siendo durante toda la vida, en el más amplio sig­nificado de la palabra. Se refleja en este libro la historia ideal de un siglo: de aquel Ochocientos romántico e idealista que por su pasión por la ciencia se vio obligado a pasar del amor de lo trascendente a un cauto escepticismo relativista, sin perder por ello nada de su sólida fe en la perfec­tibilidad del hombre ni en los valores de la civilización.

Bien se ve que de tal estado de ánimo surge directamente el raro arte de Renán; un estilo en el cual el rigor ló­gico del pensamiento es tan seguro y pro­fundo que permite al discurso fantástico plena libertad de matices; una escritura he­cha de tan minuciosas anotaciones sucesi­vas, de frases poéticas tan mesuradas que consiguen luego, en la página, una claridad cristalina. Por esto, Renán escritor resulta hoy más moderno y a la par más franca­mente clásico que el parnasiano Flaubert; sólo encuentra su igual en las mejores pági­nas de Sainte-Beuve, y se ofrece como ex­quisito maestro de estilo a las generaciones futuras. Tales cualidades, veladas por una indecisión demasiado delicada, que es el defecto de Renán, brillan en toda su pu­reza en estos bellos Recuerdos, que tanto contemporáneos como sucesores reconocieron como uno de los libros más logrados e importantes del siglo XIX francés.

M. Bonfantini