Ramona, Helen Mary Jackson

Novela publicada en 1884. Con ella la autora aboga en favor de los indios americanos, como an­teriormente había hecho Harrier Beecher con La cabaña del tío Tom (v.) en favor de los negros. Mary Jackson denuncia la despiadada expoliación de los indios por parte de los blancos, cuando éstos incor­poraron California a la Confederación norteamericana.

Ramona, hija de un escocés y de una india, es educada por la señora Moreno, una viuda española que vive con su hijo Felipe en una granja suya de Cali­fornia. En ocasión del esquileo de las ove­jas llega allí un joven indio, Alejandro, que se enamora de Ramona^ y ésta de él. Quieren casarse, pero la señora se opone resueltamente. Felipe, que desearía inter­ceder en favor de los enamorados, es débil de carácter y no osa hacer nada. Ramona huye con Alejandro y se casan; pero en­tonces comienza una triste odisea para la joven pareja. Habiendo sido destruido por los blancos el poblado de Alejandro, mar­chan a un pueblo indio donde Alejandro tiene unos parientes. Mas después de un año y medio, también se ven precisados a dejarlo, a causa de la implacable invasión de los conquistadores blancos, terminando por refugiarse en otra aldea, al pie del monte San Jacinto. Tras muchos reveses y sufrimientos, que motivan la muerte de su única hija, encuentran un asilo seguro en un solitario lugar de la montaña.

Pero una vida tan azarosa mina la salud de Alejan­dro, el cual comienza a dar muestras de enajenación mental y un día roba un caba­llo a un blanco y es muerto por éste. Fe­lipe, una vez muerta su madre, emprende la busca de Ramona, logrando hallarla poco después de morir Alejandro, y la lleva con­sigo a su casa. Pero California ha cam­biado demasiado; la invasión, la codicia y la brutalidad de los recién llegados les exas­peran y por fin deciden trasladarse a Mé­xico. Allí, Felipe, que siempre había amado a Ramona, se casa con ella y, finalmente, viven una existencia tranquila. La novela alcanzó una gran popularidad. La narración peca a veces de excesiva prolijidad, pero aparte del espíritu humanitario de la es­critora y de su apacible inspiración senti­mental, las descripciones de la vida en un rancho californiano del siglo XIX, de los pueblos indios, de los personajes, colonos y misioneros españoles, aventureros yan­quis y población india — todo un mundo hoy desaparecido — mantienen despierto el interés del lector.

N. di Pietro

Ramona es una grandiosa y patética oleo­grafía, con ingenuidades e inverosimilitu­des que no excluyen un conocimiento pro­fundo de las pasiones humanas. (R. Michaud)