Prometeo o el Cáucaso, Luciano de Samosata

Luciano de Samosata (hacia 125-185 d. de C.) sacó de la tragedia de Esquilo uno de sus famosos diálogos satíricos y dramá­ticos: Prometeo o El Cáucaso.

Nuestro escritor, ya en sus Diálogos marinos (v.), había dirigido su sátira contra las creencias míticas primi­tivas, mostrando lo vanas, necias y a me­nudo inmorales que eran cuando se las pre­sentaba privadas de la poesía con que las habían revestido Píndaro o Esquilo; en este diálogo dirige su sarcasmo contra el princi­pio de la eterna justicia. La escena del diá­logo ocurre en el Cáucaso como en el Prome­teo de Esquilo; el águila, que por la volun­tad de Zeus ha de roer el hígado de Pro­meteo, no ha llegado todavía y Prometeo aprovecha la ocasión para desarrollar en presencia de Hermes y de Hefesto, ejecuto­res de las órdenes divinas, una apología sa­gaz y aguda de las culpas que le son atri­buidas — distribución dolosa de las carnes en un banquete de Zeus; creación de los hombres; hurto del fuego—: apología habi­lísima y conducida según todas las reglas de la retórica, verdaderamente digna de un gran orador.

Zeus, que con los reproches que Prometeo le dirigía en la tragedia de Esquilo parecía como engrandecido, y pode­roso y terrible en su ira, no es aquí más que un ser injusto e irrazonable, privado de toda grandeza y dignidad, a quien Pro­meteo podrá comprar la liberación de la terrible pena mediante una profecía que, aun rogado por Hermes, que se apiada de él, no quiere revelar, precisamente porque está a punto de llegar el águila y porque será el precio de su rescate. La ironía es aquí más fuerte que en los Diálogos mari­nos y en los Diálogos de los dioses, porque no está disimulada: tenemos delante a un verdadero héroe que, defendiéndose a sí mismo, no sólo desarrolla un abierto proceso de acusación contra la divinidad, sino que convence de su injusticia hasta a sus propios emisarios.

El estilo es, como siempre en Lu­ciano, límpido y elegante, a propósito para poner de relieve argumentos sencillos e irre­futables, como los de Prometeo; su len­guaje es, por lo general, ático. [Traduc­ción española por Cristóbal Vidal y F. Del­gado en Obras completas, tomo I (Madrid, 1882)].

C. Schick