Poesias, Vicente Huidobro

La carrera lite­raria de Vicente Huidobro (1893-1948) em­pezó a temprana edad. En 1913 fundó en su ciudad natal la revista de arte libre «Azul». Junto a Huidobro colaboraron di­versos escritores de futura significación. En 1911 dio a luz Ecos del alma, de visible estructura clásica, mezclada con atisbos mo­dernistas.

En 1913 publicó Las Grutas del Silencio y en 1914 Las Pagodas Ocultas, donde hay ciertos prenuncios de su futuro creacionismo. En Adán (1916) define mejor su estética y deja un testimonio seguro de su evolución poética. Al año siguiente se instala en París y se vincula a diversos escritores franceses. Publica El Espejo de Agua en Buenos Aires, y en el verso final de su «Arte Poética» califica al poeta como un pequeño Dios. En París se incorpora a la revista futurista «Sic» y pronto a la revista «Nord Sud», dirigida por Pierre Reverdy. Colaboran en sus páginas Guillaume Apollinaire, Max Jacob y Tristan Tzara.

Se plantean entonces problemas de poesía nueva en términos de «realismo ar­tístico» y «realidad de la vida». En Horizon Carré (1917) expresa un mensaje revolu­cionario afirmando que es necesario cam­biar el valor usual de aquello que deseamos crear y que es ya demasiado poético. En 1918 se traslada a España y edita, en Ma­drid, varias obras: Tour Eiffel, Hallalí, Ecuatorial, Poemas Árticos y la segunda edición de El Espejo de Agua. En 1919 viaja a su patria y regresa pronto a París, donde imprime sucesivamente las siguientes producciones: Saisons Choisies (1921), Fi­nís Britanniae (1923), Automne Régulier (1925), Tout á coup (1925) y Manifestes (1925). En 1924 lanza en París su famosa revista «Création» y vuelve a Chile por un breve período. En 1926 da a conocer su volumen misceláneo Vientos Contrarios. En 1927 escribe Cuentos Diminutos, que permanecen inéditos, y en 1929 publica, en Madrid, su «hazaña» Mío Cid Campeador.

En 1930 escribe El Pasajero de su Destino, poema que se divulga en francés y español en diversas revistas y antologías. En 1931 publica en Madrid el poema Altazor o El viaje en paracaídas y Temblor de Cielo, poema en prosa. En 1932 imprime, en París, Gilíes de Raíz, pieza teatral en cuatro actos, y se traduce al inglés, en Nueva York, su Mío Cid Campeador. En 1933 se establece de manera definitiva en Chile y da impulso a las exposiciones sobre arte nuevo. Pu­blica, en Santiago: Cagliostro, novela film; La próxima, historia; Papá o el Diario de Alicia Mir, novela, y En la Luna, guiñol. Sus actividades intelectuales crecen, y en 1935 da a conocer Tres inmensas novelas, patrocina la revista «Vital» y en 1936 su polémica revista «Total». En 1939 publica Sátiro o el Poder de las palabras, novela, y en 1941 sus poemas Ver y palpar y El ciudadano del Olvido.

En 1943 participa en la Segunda Guerra Mundial como corres­ponsal en campaña y recorre los campos de batalla. Vuelve a su tierra al final del con­flicto y lo sorprende la muerte en Carta­gena el 2 de enero de 1948. Se publican sus últimos poemas, en edición póstuma que realizó su hija Manuela. La huella poética de Huidobro en la poesía chilena e hispanoamericana es indiscutible. Aparte su influencia en las nuevas generacio­nes supo descubrir caminos de novedad a partir de Altazor, uno de sus mejores aciertos líricos. La fantasía, ajena a una comprensión fácil, servía a Huidobro para un juego libre de la imagen. En la última etapa de su obra se advierte un mayor trascendentalismo, sobre todo a raíz de El ciudadano del Olvido, donde se agranda su visión de lo cósmico y ahonda las interro­gaciones sobre lo existencial. El tema de la muerte late en últimos poemas, y corona su carrera poética al hacerla ascender a un plano de angustia, tortura y contempla­ción de lo eterno.

La adjetivación de Hui­dobro era de gran frescura y revelaba su dominio de los símbolos y su complacencia con lo metafórico, al margen de todo retoricismo manido. Hay también en su madu­rez poética una continua actitud contras­tada de lo cósmico y universal con lo vital y particularísimo del ser. La capacidad imaginativa de Huidobro, sin precedente en la poética chilena, prolifica asombrosamente en sus imágenes visuales, en el tratamiento metafórico y en sus finos atisbos auditivos. La trascendencia de su acción en Hispano­américa se pudo comprobar después de su desaparición, a través de los comentarios suscitados y del interés despertado en otros pueblos por medio de traducciones y estu­dios críticos. Huidobro resumió su postura vitalista en una confesión decisiva, al ex­presar que toda su existencia puede con­densarse en tres palabras: amor, poesía y análisis. Por el amor ha dado siempre «sin reservas y desinteresadamente». Por la poesía ha cubierto «la fealdad y el tedio cotidiano con un ropaje maravilloso». Por el análisis se ha convertido en «un revolu­cionario de todos los conceptos y de todos los prejuicios».

R. Latcham