Poesías, Diego Hurtado de Mendoza.

La primera edición de las poesías de Diego Hurtado de Mendoza (1503-1575) no apare­ció hasta 1610, pero la edición que ha ser­vido de base a todos los estudios sobre el poeta y su poesía es de 1877 y se debe al erudito Knapp. Como todos los poetas cas­tellanos de su época, Hurtado de Mendoza compuso coplas y otros metros breves de tradición española; sin embargo es uno de los más decididos mantenedores de la re­forma poética iniciada por Boscán y por Garcilaso con la introducción de la métrica italiana.

Aunque la fecha de su nacimiento le haga contemporáneo de Garcilaso, sobre­vivió a éste muchos años; esto le permitió asistir a la iniciación y triunfo de la nueva poesía. Su habilidad en el uso de los metros breves le mereció el elogio de Lope de Vega. En ellos predomina el espíritu del Renaci­miento por sobre el carácter medieval y cortesano de los poetas de los Cancioneros (v.). La corriente pastoril que imperaba en el naciente teatro español, profundamente distinta por su realismo del convencional y delicioso artificio de la corriente arcádica o bucólica, deja algunas huellas en estos versos de Hurtado de Mendoza.

Sirva de ejemplo el diálogo de Filis y Pascual, autén­tica transición entre la modalidad italiana y la castellana. Son notables algunas com­posiciones en endechas, es decir, estrofillas en versos de seis sílabas, y muchas glosas de canciones y romances. Escribió también, lo cual constituye una novedad importante, epigramas de tono netamente moderno, y junto a esta vena culta, Mendoza cultiva con gusto y preferencia otra, popular, sa­cada también de la métrica italiana, que le confiere una posición excepcional en la se­rie de poetas italianizantes. Parece prenun­ciar la fusión de las formas italianas con el fondo realista de inspiración española; pero don Diego, en la mayoría de los casos y en especial en su poesía amorosa, sigue la corriente petrarquista sin nuevas orien­taciones, aunque con grandes méritos e ins­piración.

Esta parte de su obra poética viene a sumarse a la de los epígonos de Garcilaso, pero sólo cuando surge su genialidad española puede decirse que influye en la evolución de la lírica castellana. Entre sus obras de mayor ambición y empeño hay que recordar la «Fábula de Adonis», fundida, como el modelo de Ovidio, con la de Tipómene y Atalanta. Está escrita en hermosas octavas, que perduran como unas de las más amenas, fluidas y fáciles con que la literatura española cuenta en compo­siciones de este género. El temperamento satírico de Hurtado de Mendoza, que hizo se le atribuyeran algunas composiciones ciertamente ajenas, está también represen­tado en esta recopilación con un espíritu y una desenvoltura que superan a menudo los límites de lo lícito y honesto.

J. M.a Cossfo

¿Qué cosa aventaja a una redondilla de Garci Sánchez o de don Diego de Mendoza? (Lope de Vega)