Poesías, Rambertino de Buvalelli

Rambertino de Buvalelli, muerto, como ha quedado esta­blecido con seguridad, siendo «podestà» de Verona, en 1221, es uno de los más antiguos poetas italianos que escribieron en provenzal, pero no ciertamente de los mejores. El nombre del trovador italiano se encuentra en crónicas y documentos del siglo XIII, por lo que sabemos que ejerció el oficio de «podestà» en varias ciudades de la Italia alta, en Brescia, en Milán, en Parma, en Mantua, en Génova.

Boloñés, ocupó en su patria cargos importantes y allí vivió siem­pre cuando no estaba ocupado en sus va­rias magistraturas; en aquel gran centro de estudios, adonde acudían estudiantes de todas las partes del mundo, tuvo múl­tiples contactos y experimentó diversas influencias, y en particular la de los trova­dores. El interés de su figura y de su obra reside precisamente en esto: que es el pri­mero en documentar la afirmación del trovadorismo fuera del ambiente cortés, la difusión del gusto de la lírica noble en el mundo burgués, en el ambiente de los jueces y los notarios, que tanta parte tiene en la historia literaria italiana de los orí­genes.

Buvalelli tuvo contactos con el mundo cortés y cantó, en sus versos, a Beatriz, hija de Azzo VI, marqués de Este (v. Poesías de Aimeric de Pegulhan); pero podemos estar seguros de que, a su vez, Buvalelli ejerció notable influencia en el cenáculo trovador genovés (ambiente bur­gués también), cuando, poeta ya conocido y consolidado, fue «podestà» en Génova, en 1218,. y confirmado en los años sucesivos. De Rambertino han llegado hasta nosotros seis poesías; otras dos le pueden ser atri­buidas con alguna vacilación. Todas repiten los lugares comunes provenzales sobre el amor, la mujer y la naturaleza del amor.

Su formulario es el agotado por los trova­dores occitanos; hasta se ha escrito que casi cada expresión particular suya halla su correspondiente en la poesía transalpina: de manera que él — como casi todos los italianos que escribieron en provenzal, sal­vo los mayores, como Sordel y Lanfranc Cigala — se precia de «componer», por decirlo así, un mosaico con muchas piedrecitas, recogidas en la cantera de la lírica occitana. Su poesía es ágil y llana, fuera de los módulos del «trobar clus», y su dominio de la lengua es bastante seguro, aunque perjudicado por algún inevitable hibridismo, tanto en el léxico como en la morfología.

A. Viscardi