En la obra del poeta antequerano Pedro de Espinosa (1582- 1650) es preciso distinguir épocas según un doble criterio: antes y después de la influencia de Góngora; antes y después de la atención a los problemas espirituales que llevó a Espinosa a ordenarse de sacerdote y a retirarse un tiempo como ermitaño con el nombre de Pedro de Jesús.
Sus primeras poesías las publicó en la famosa colección Flores de los poetas ilustres de España, que formó él mismo, seleccionando poesías de los siglos XVI y XVII. La producción poética de Espinosa se caracteriza por la fuerza de inspiración, lozanía de ingenio, destreza versificadora y riqueza de vocabulario. Las composiciones que se conservan de la primera época muestran al poeta como enraizado en el Conceptismo (v.), seguidor de los clásicos en el rumbo marcado por Boscán. Su tema preferente (sonetos y madrigales) es la experiencia sentimental y amorosa («Al Guadalhorce», «A Crisalda», «En una red prendiste tu cabello»), o bien la locución festiva («A una mujer gorda», «Rompe la niebla de una gruta oscura» contra el vicio del Culteranismo (v.), el cual más tarde llegaría a perturbarle a él mismo, «A la navegación de San Raimundo desde Mallorca a Barcelona» en estrofas regulares).
Pero sobre todas las poesías de este período cabe destacar «La fábula del Genil» de carácter pastoril y elegiaco, de estilo florido y conveniente, de dicción pura. Fue muy comentada por los poetas contemporáneos, recibiendo casi siempre grandes elogios. Los más escépticos señalan en ella una débil coloración de los sentimientos y el uso desafortunado de elementos culteranos. Todos empero coinciden en valorar las descripciones, y en particular la bella pintura del río. Posteriormente se da en la vida de Espinosa, quizás por el desengaño amoroso, el alejamiento del mundo y la dedicación religiosa. A este período corresponden una serie de «psalmos» y sonetos de inspiración espiritual («A la Santísima Virgen María», soneto en alejandrinos, «Desde un retiro», «Al conocimiento de sí propio», «Al Infierno», «Soledad de Pedro de Jesús, presbítero»).
Esta «soledad», escrita en sonetos alejandrinos, y la que lleva por título «Soledad del Gran Duque de Medina Sidonia» revelan sin más en la obra de Espinosa la nueva tendencia gongorista con todas las implicaciones (hipérbaton violento, latinismos, metáforas, citas y alusiones mitológicas)- En la «soledad» últimamente citada, poesía en octavas reales, alocución a Helio- doro (el Duque de Medina Sidonia, del cual Espinosa fue capellán) para que comparta la soledad ascética, se da como en ninguna otra composición la peculiar mezcla de religiosidad sincera y poesía culterana: «Despliegue en puertos de la Aurora el lino/o donde el sol sus trenzas de oro baña,/el Austro beba, o brisas de Calisto,/no quiero más que soledad y Cristo».
R. Jordana

