Poesías, Nikolaj Stepanovič Gumilëv

[Stichotvorenija]. Las colecciones más importantes son: Flo­res románticas [Romantčieskie cvety], de 1908; Perlas [Zemčuga], de 1910; Cielo ex­tranjero [Čuzoe nebo], de 1912; El carcaj [Kolčča], de 1916; La hoguera [Kostër], de 1918; La tienda [Šatër] y La columna de fuego [Ogenennui stolp], de 1921.

Poeta de los años inmediatamente anteriores a la revolución bolchevique y víctima de ella (fue fusilado como contrarrevolucionario), Nikolaj Stepanovič Gumilëv (1886-1921) es conocido sobre todo como fundador de la llamada «escuela del acmeísmo», cuya de­finición fue dada por él mismo en un ar­tículo programático: «Para un lector atento es evidente que el simbolismo ha efectuado su evolución y empieza a declinar. En su lugar se crea una nueva tendencia con el nombre de “acmeísmo”, el grado más elevado de cada cosa) o de “adanismo” (concepción de la vida fuerte y clara), que exige en cada caso un mayor equilibrio de fuerzas y un conocimiento más exacto de las relaciones entre objeto y objeto que los requeridos por el simbo­lismo».

De conformidad con dicho progra­ma, la poesía de Gumilëv se distingue pre­cisamente por una especie de vuelta al realismo poético; pero es un realismo «sui generis», creador también, como el simbo­lismo, pero sin símbolos ni misticismo, de nuevos mitos: los mitos de la actividad y de la voluntad de acción. La voluntad o el deseo de acción fueron en Gumilëv fortísimos y a ellos se debe también el espíritu de aventura que impulsó al poeta a diri­girse, como explorador, a Abisinia. Pero más que los resultados científicos fueron importantes para él los resultados poéticos, pues del exotismo extrajo una gran fuente de inspiración.

El amor al exotismo fue quizás una de las causas que lo aproxima­ron en los primeros tiempos al decadente simbolista Valerij Brjusov, mientras el amor al mito lo aproximó a Vjaceslav Ivanov. Técnicamente Gumilëv debe mucho a los parnasianos, consiguiendo una feliz combi­nación de su temperamento romántico, en el sentido originario de la palabra, con las experiencias más modernas. A su deseo de acción fue debido el entusiasmo por la gue­rra, en la que participó sin reservas.

E. Lo Gatto