Poesías, Ángel Guimerá

La obra poética del dramaturgo catalán Ángel Guimerá (1845- 1924) se publicó en diferentes periódicos y revistas de la época y se coleccionó, más tarde, en dos volúmenes: Poesías [Poesies, 1887] y Segundo libro de poesías [Segon llibre de poesies, 1920].

En ella encontramos las ideas, motivos y medios de expresión más característicos del Romanticismo (v.). Víctor Hugo determina, si no su poesía, sí la dirección de su poesía. En primer tér­mino debemos destacar el pesimismo agrio y espectacular que el autor revela, princi­palmente, en composiciones como «Creació», etcétera. La tensión de pasiones e ideas que comporta el Romanticismo se resuelve en Guimerá en una profesión de fe cristiana: «Romiatge». En segundo lugar, el gusto por el contraste, los personajes que están al margen de lo que podríamos llamar ortodo­xia de la vida (el diablo, el pirata, el rene­gado, etc.) y los seres fantásticos (la sire­na).

En tercer lugar, el gusto por los temas históricos («Indíbil i Mandoni», «Colon», «Lo cap d’en Josep Moragas», etc.) y los temas con un fondo inicial de tragedia: «L’any mil», «Poblet». La Muerte domina, de una manera casi absoluta, su poesía: «Cant de la Mort», «La mort del joglar», «La mort de la monja», etc. La Muerte no es, para el poeta, una vivencia interior, desgarrada, sino una situación narrativa a través de la cual el autor intenta la gran descripción histórica («En la mort de Joan II d’Aragó», «La mort d’en Jaume d’Urgell», etc.), el matiz estrictamente líri­co («A una morta») o la posibilidad expre­siva de una tragedia interior convertida en motivo literario («Quin salt m’ha donat el cor»).

La muerte de su madre le da pie para la creación de una serie de breves poemas que oscilan entre la anécdota confesional y el motivo estrictamente literario. Otro grupo de composiciones alude, den­tro del más genuino gusto romántico, a un amor no correspondido. En algunas composiciones surge el hombre desolado por la huida del tiempo («jo m’asseuré a l’altra banda / com en temps que van fugir» [«Yo me sentaré al otro lado/como en tiempos que huyeron»]): el poeta se asoma al recuerdo, a la muerte de su mundo íntimo — casa, padres, hermano—: «Sóc jo, mos pares, que torno/i estic trist i em veig malalt» [«Soy yo, padres míos, que regreso/y estoy triste y me siento enfermo»]; las sombras de sus muertos han dejado la huella de su impacto en el corazón del poeta («Records», «Nit de Nadal», «De la infantesa»).

La patria da lugar no sólo a composiciones de un exaltado entusiasmo («Som i serem gent catalana», etc.), sino también a una crítica acerba: «…un temps lluitant per l’honor :/avui amb fang en la cara/cercant només grapats d’or» [«…un tiempo luchando por el honor :/hoy con barro en la cara/buscando sólo puñados de oro»]. El paisaje tiene un valor estricta­mente funcional («Les fulles seques», «Cant a la vinya», «Al Tibidabo», etc.) El poeta se sirve, en muchas de sus composiciones, de elementos procedentes de la poesía popular. En algunas de ellas está a la altura de lo mejor de Verdaguer: «Dormideta s’está/la flor de satalia;/dormideta al bressol./Per aixó no és de dia» [«Dormi- dita está/la flor de satalía;/dormidita en la cuna./Por esto no es de día»].

Intenta, tam­bién, la poesía de humor («La vella i el diable», «Lo Jepet i la Jepeta»). Recorde­mos, finalmente, algunas piezas de circuns­tancias que ponen de relieve la vivacidad espiritual del poeta en los últimos años de su vida: «A Raquel Meller», la serie de poemas relativos a la guerra de 1914-1918, etcétera. Guimerá no somete su poesía, después del instante de gracia, a un trabajo de corrección y eliminación. De ahí que encontremos en ella, junto al acierto bri­llante y feliz, la caída vulgar y el motivo trivial.

Sus cualidades más sobresalientes son el gusto por lo espectacular, los contrastes, el ímpetu y la sonoridad del verso: «Déu de justicia, feu vostre/mon prec, i el de mos germans!/Que tingan fam, i en sa boca/ lo pa i tot se’ls torni fang;/que tingan set, i s’eixuguin/fonts i rius al seu davant;/que tingan fred, i ses robes/ se’ls hi tornin mar de flam;/que tingan son, i s’ajeguin/ sobre escorgons babejants!…» [«¡Dios de justicia, haced vuestro/mi ruego, y el de mis hermanos!/¡ Que tengan hambre, y en la boca/hasta el pan se les convierta en ba­rro;/que tengan sed, y se sequen/fuentes y ríos a su presencia;/que tengan frío, y sus ropas/se les conviertan en mar de lla­mas;/que tengan sueño, y se acuesten/sóbre víboras babeantes!…»].

J. Molas

Versificador intachable, y de expresión clara y natural, que sé amoldaba como cera a su pensamiento; plástico en la imagen, ora deslumbradora por su color, ora maciza y escultural; de sentimiento vivísimo y de­licado que recorrió todas las notas, de la ternura al odio, de la pasión soberbia a la humildad amorosa; dulce cantando re-‘ cuerdos de la niñez; salvaje en sus poesías patrióticas; en sus temas, con un fondo dramático visible, ya pensador, ya lírico entusiasta; siempre lejos del círculo de trivialidades de la poesía castellana. (J. Yxart)

Guimerá es un lírico, es el lírico del re­nacimiento catalán, nuestro gran lírico. (J. Maragall)