Poesías, Johann Christian Günther

[Gedichte]. Publi­cadas en una primera recopilación incom­pleta de 1723 y una completa de 1735, son el desahogo de un alma llena de contrastes como fue la de Johann Christian Günther (1695-1723) que, pese a su breve existencia pasada entre irregularidades, soledad y mi­seria, mereció ser llamado el mayor poeta de su tiempo.

Fue verdaderamente el pri­mer poeta espontáneo después de la época de los extravagantes goliardos vagabundos. Después de una primera etapa de influencia del barroco alemán y especialmente italiano (Petrarquismo), muy pronto se libera de todo ligamen de escuela para cantar sin freno su propia vida y experiencia en ver­sos musicales, lozanos y carentes de arti­ficio. Inaugura una especie de bohemia que entusiasmó incluso al joven Goethe, quien lo imitó en las escenas estudiantiles de su Urfaust (v. Fausto), aunque justamente deplorase que Günther no hubiese sabido dominar su temperamento, disipando así su vida y su poesía.

Efectivamente, su vida de goliardo vagabundo terminó muy pronto, consumida por preocupaciones y enferme­dad y por desórdenes licenciosos; pero en­contró su reflejo en la poesía brillante, toda ella variedad de tonos y colores, desde la canción estudiantil que todavía hoy se canta: «Hermanos, estamos contentos/porque es pri­mavera» [«Brüder lasst uns lustig sein/Weil der Frühling wáhret»], hasta la graciosa y dulce «Canción de las rosas» [«Rosenlied»], que anticipa la briosa lozanía de la poesía juvenil y ocasional de Goethe. Pero cuanto más desenfrenada aparece la alegría de vivir del «carpe diem» horaciano, más sombrío y angustioso se presenta en contraste el presentimiento de la muerte en las angus­tias de la vida presente.

Absoluta sinceridad y espontaneidad son las características de esta poesía, pero al mismo tiempo, también crudeza y vulgaridad. Ecléctico durante los primeros años, a menudo quizás para ga­narse el sustento («se miente alguna vez para seguir la moda, y debido a la moda miento») [«man lügt bisweilen nach der Mode/Und nach der Mode lüg’ ich auch»], compone al principio poesías de ocasión en su mayoría; pero más tarde adquiere con­ciencia de su dignidad de poeta, se canta a sí mismo en una despreocupada confesión de su vida: sus vicios, lujuria, embriaguez, sus pasiones amorosas; muchos nombres de mujeres aparecen en sus poesías, pero a menudo la misma mujer es cantada con nombres distintos: cierta Flavia muerta muy joven le inspira versos de tierno lamento; luego Leonor llena su poesía, así como llenó su vida; surge su amor por ella, la pasión agitadora, las peleas entre enamo­rados, el noviazgo, la primera ruptura, la vuelta a ella después de años de separación dedicados a otros amores, la renuncia defi­nitiva por lo precario de su situación, la constante añoranza.

Luego hay una nueva pasión por Juana Bárbara Lxtmann (Phillis), el noviazgo [«Auf die Verlobung mit seiner Phillis»], una nueva ruptura; por fin un último amor por «Amarantis», truncado por la muerte prematura del poeta. La poe­sía «Al amor» («An die Liebe»] es la des­pedida que él, enfermo de tisis y próximo a su fin, da a la vida, encontrando acentos de resignación cristiana y de confianza en Dios: «Señor y creador de todas las cosas… escucha lo que canto entre lágrimas… deja que me arrodille dignamente…» [«Herr und Schópfer aller Dinge,/Der mir den Tag verIiehn,/Höre, was ich tränend singe,/Lass mich würdig niedeknien»].

Hasta en Leibniz encuentra el germen de una cordura piadosa, y a diferencia de sus maestros de la época barroca, Gryphius y Fleming, no tiembla ante la muerte: «¡Oh espíritu can­sado, deja de quejarte!» [«Müder Geist, hör’ auf zu klagen»], sino que, rechazando toda debilidad compasiva, invoca como Fausto los rayos del cielo para poder al fin hallar la paz. La característica del poeta está en haber sabido transformar «sus gran­des dolores en cancioncillas» [«Aus meinen grossen Schmerzen machte ich kleine Lie­der» ].

C. Baseggio-E. Rosenfeld