Poesías, Niccoló Tommaseo

Fueron reunidas por Niccoló Tommaseo (1802-1874) en un volumen aparecido en 1872; varias de ellas habían sido ya publicadas en Diario íntimo (v.) y en Memorias poéticas (v.).

La colec­ción está dividida en cinco partes, la pri­mera de las cuales comprende poesías polí­ticas o históricas inspiradas por los agita­dos acontecimientos en que tomó parte Tom­maseo como patriota («La cárcel», «Venecia», «El destierro»), por el amor, a Italia especialmente vivo en el dálmata, que ve en su tierra un anillo de conjunción entre la civilización itálica y la helénica; en el desterrado que al volver de Francia y des­embarcar en Córcega se siente ya en Ita­lia; en el pensativo observador de los des­tinos históricos y humanos («Napoleón», «Mane, thecel, phares»). Los sentimientos familiares sugirieron a Tommaseo conmo­vidas composiciones dedicadas a sus progenitores, a su padre, que, muerto, aún lo va guiando, y a su esposa («De un ciego a pun­to de ser viudo»).

Con plena originalidad respecto a la poesía italiana de su tiempo trata del amor: atracción sensual invencible y, al mismo tiempo, sed de pureza y ascesis. El íntimo conflicto no se aplaca en equívoco compromiso de voluptuosidad y misticismo, sino que vuelve a encenderse en medio de caídas y arrepentimientos, proporcionando ricos temas de poesía. De ello no deriva desprecio por la mujer, cortejada así como capaz de sublimes virtudes; y por ello al goce de su belleza se acompaña el senti­miento de una contaminación: «Dame tu alma… no la fuerte/voluptuosidad que como serpiente en medio de la verdura/por ti entera se revuelve y desanuda/en tu ca­bello, derramándose, amplio, sobre tus hom­bros,/ni el estremecerse de la vida que se apresura/para desvanecerse en un beso, en un abrazo/busco… mísera, en ti» («Memo­rias dispersas»).

Y otras poesías pueden cantar la victoria del espíritu sobre los sen­tidos («Expiación», «Fin del error», «Renovación»). El mismo motivo lo volvemos a encontrar en los poemitas narrativos, como Una criada (v.), «La condesa Matilde», «Vo­luptuosidad y remordimiento» (monólogo de la Elena griega en hexámetros). En las poesías religiosas el poeta católico aban­dona la imitación de Manzoni y alcanza una interesante originalidad, expresando el sentimiento de la compenetración universal de los seres animados e inanimados en una unidad en que cada palpitación de vida re­percute en el «Todo» («Los recuerdos del hombre», «La mañana», «El año nuevo») y los seres se renuevan perpetuamente en la inalterable armonía de las cosas («La armo­nía de las cosas»). Estas poesías, al principio desechadas, han atraído en estos últimos tiempos la atención de los críticos y son ya consideradas, dejando aparte sus trabajos filológicos, lo mejor de las numerosas obras literarias de Tommaseo.

En ellas se mues­tran la riqueza de temperamento, que le venía de su doble origen eslavo e italiano, y la libertad de sus temas, que se derivaba de la poesía francesa contemporánea (Sainte-Beuve, Lamartine, Hugo). Sus metros son variadísimos y revelan a veces la prác­tica de la erudición, o un artificio estilís­tico minucioso. En la obra de Tommaseo se puede decir que ya se hallan en germen las tendencias literarias destinadas a desen­volverse después: el verismo, el simbolis­mo y el psicologismo.

P. Onnis