[Stichotvorenija]. Fedor Ivanovič Tjutčev (1803-1873) está considerado generalmente, con Pushkin, como el exponente de una poesía rusa verdaderamente clásica, en tanto que algunos críticos ven en él al iniciador del simbolismo.
Sus poesías son cerca de trescientas y fueron publicadas por primera vez en edición completa en 1868. En su mayoría son de tema filosófico, con unas cincuenta de inspiración política. En estas últimas, ora el autor se dirige a los pueblos eslavos, incitándolos a unirse a su madre, la Gran Rusia; ora canta los más grandes acontecimientos históricos de su época, tales como las conmociones del 1848 o la guerra franco- prusiana de 1870. Se nota en la lírica de Tjutčev la influencia de su contemporáneo y amigo Heine, y sobre todo la de Goethe (el poeta ruso pasó cerca de treinta años en alemania); un amplio panteísmo, ilimitada adoración a la naturaleza, desprecio por las vanidades del mundo, considerándolo como elemento que «desentona» en la creación, son sus principales características. «El hombre es un sueño de la naturaleza», dice el poeta, y en consecuencia, aconseja maldecir nuestro Yo, buscando la fusión con el alma universal.
En todo ello es evidente una anticipación de las corrientes de la filosofía india que más tarde inundarán Europa. De su deseo de penetrar en el universo cósmico, nace en el autor la aspiración al Caos creador, que es el espíritu de la naturaleza, y del que hay también alguna partícula en el fondo del alma humana, algo que recuerda al inconsciente freudiano. El poeta imagina la pasión como una tempestad imprevista de este inconsciente; como un despertar de este elemento inconsciente que tiende hacia su Caos nativo, la muerte. También en ésta nota Tjutčev una belleza particular; recordemos que las dos mujeres a quien él más amó, murieron entre sus brazos.
«Mi corazón desea la tempestad», escribe; las muertes y las grandes convulsiones de la historia son fuentes de nueva y elevada inspiración. A menudo rompe el poeta las barreras entre el caos primero que dormita en el fondo de nuestra alma y el caos que reina en el Universo, enriqueciendo su poesía con singulares efectos de lo que hoy llamaríamos «impresionismo». Algunas de estas imágenes: «De una corriente etérea me llena el cielo las venas», «Silenciosas olas del mar merecen mis sueños», «Mi amor vibra en el aire», han entrado en la lengua hablada rusa.
G. Kraisky

