Poesías Morales, Friedrich von Hagedorn

[Moralische Gedichte]. Colección del poeta ale­mán Friedrich von Hagedorn (1708-1754), publicada en 1750. Hagedorn y Haller (véa­se Los Alpes) representan la más cumplida expresión de la «pequeña poesía» que constituye una isla de sentida sensibilidad y de imaginación en la época del «rococó» ale­mán.

Formado en la escuela de los antiguos, y en contacto con las literaturas modernas, especialmente la inglesa, que estudió en el período en que fue secretario de la emba­jada danesa en Londres (1726-1729), Hage­dorn recibió todas las influencias de su tiempo y particularmente la de Pope, cuyos poemas imitó y tradujo. Pero en esta colección la mirada del autor se vuelve sobre todo a los clásicos, y entre éstos, de manera especial, a Horacio, cuyo amable epi­cureismo repite, sustituyendo el tono escép­tico por una elegante sabiduría burguesa. A través de la ilustración de temas morales como la felicidad, la amistad, la sabiduría, Hagedorn dibuja la figura del «hombre sa­bio» en la que resuena el ideal horaciano del «Beatus ille», esbozado en el apólogo, también de horaciana memoria, del ratón de campo y el ratón de ciudad [«Carta a un amigo»].

Este hedonismo superficial se atenúa en el vigor de un pensamiento, si no filosófico, por lo menos ampliamente humano, en «Beatitud», donde el poeta pro­clama su indiferencia por la ciencia escru­tadora del universo, pues, aun concedién­dole su importancia, no es sin embargo el fin para el que los hombres han sido elegi­dos; tampoco este fin es la riqueza que hace áridos e insensibles los corazones, sino la Sabiduría y el Bien, en los que el poeta encuentra la felicidad consolando a los mise­rables y dando lo superfluo de los bienes materiales. A pesar de estos acentos evan­gélicos y las poesías religiosas insertas en la colección («La plegaria universal», que deriva de Pope, las «Consideraciones con­forme a la Sagrada Escritura, etc.» de tono bíblico), la moral de Hagedorn es completamente humana (su modelo es Sócrates) y basada en el sentimiento de la amistad («La amistad»), fruto de conocimiento y de elec­ción, bien distinta de la amistad falsa de los advenedizos y los intrigantes, como el tipo descrito en «El hablador», donde, si­guiendo las normas de Horacio, revive en un camino de Hamburgo el encuentro en la Vía Apia de la célebre «Sátira IX» (v. Sáti­ras y Epístolas de Horacio).

Por otra parte, el tono moralizador tiene acentos de indig­nación y el autor flagela a la manera de Juvenal la concupiscencia, y otros vicios humanos; pero la violencia de la sátira está siempre mitigada por la urbanidad del poeta, que interviene para diluir el rigo­rismo ético. Estos límites de su carácter, en los que por otra parte se nota ya el sen­tido del escepticismo ilustrado, son tam­bién los límites de las Poesías Morales, que constantemente tienen un tono gnómico y sentencioso, sin descender nunca a la pe­dantería, expresándose en ritmos fáciles y armoniosos de suelta elegancia que fijó la lengua poética alemana hasta Klopstock.

A. Cori

El más limado de los poetas alemanes. (Wieland)