Poesías Líricas, Detlev von Liliencron

Fueron publicadas en diversos volúmenes, que ha­cia fines del siglo XIX alcanzaron gran éxi­to y despertaron ecos incluso fuera de Ale­mania.

Cuando apareció el primer volumen, Cabalgada del ayudante de campo y otras poesías (v.), Detlev von Liliencron.(1844- 1909) tenía casi 40 años. Hasta entonces ha­bía sido oficial de caballería, completamente ocupado por el servicio y por dos guerras, la del 66 contra Austria y la del 70 contra Francia; es natural, por tanto, que la vida militar sea el tema esencial de sus poesías y que nos cante sus mil aspectos: la ca­maradería de los cuarteles, las marchas bajo el sol y la nieve, los alegres vivaques, los combates, con su embriaguez y sus atrocidades, el retorno de las batallas por la no­che, la tristeza por la inevitable ausencia de los caídos, las humildes y oscuras muer­tes de los simples soldados.

Al primer vo­lumen siguieron otros: Poesías [Gedichte, 1889], El caminante de la lauda y otras poesías [Der Heidegänger und andere Ge­dichte, 1890], Nuevas poesías [Neue Gedich­te, 1893], Lucha y juegos [Kampf und Spie­le, 1897], Presa policroma [Bunte Beute, 1903], Buenas noches [Gute Nacht, 1909]. Las mejores composiciones líricas de Lilien­cron son las breves, de doce, ocho y hasta de cuatro versos: una muerte entre las espigas, la tumba de un desconocido, un campo de batalla al salir la luna, la carga; cuadros impresionistas, en los que el poeta, con pocos y acertados rasgos, fija lo mejor de sus propias experiencias, de sus largos y apasionantes recuerdos. También los es­pectáculos de la naturaleza han inspirado noblemente a Liliencron: el Holstein natal, la «Haide», la amplia landa, inculta, monó­tona y triste, con sus grandes y negras turberas, y en el otoño florecida de brezos que la transforman en una gran estepa rosácea.

Y en tal país, la gente que vive en él, humilde, pobre, taciturna, consolada por una fe y unos afectos rudimentarios y profundos, ha encontrado en Liliencron un intérprete y un evocador. En esta poesía hay amplio lugar para el amor: el amor- aventura, el amor despreocupado del sol­dado que pasa y coge la flor que nace bajo sus plantas y que a veces, entre sonrisas, deja también asomar una lágrima. Más tar­de, sobre todas estas experiencias, cae una suave filosofía, un sentido spinoziano de aceptación del destino mortal tan augusto y misterioso, entre un nacer y un morir cuyo por qué ignoramos. También las Nove­las de guerra (v.) son líricas y obra de un poeta que de la peripecia humana — breve episodio bélico o épica batalla campal — sabe extraer una narración que tiene la evidencia de la visión y la armonía de un canto.

B. Allason