Poesías, José María Gabriel y Galán

La obra de José María Gabriel y Galán (1870-1905) es lírica en su totalidad. Empezó a publicar­se en 1902, y se consideran en ella cinco grupos:

I) Castellanas. Son las más repre­sentativas del autor, gran intérprete de la naturaleza austera. El pensamiento es vul­gar; importa el sentimiento, aunque a me­nudo cae en fácil sensiblería. La vida mísera de los campesinos salmantinos es cantada por el poeta en lo que tiene de sinceridad. Todos los versos expresan una resigna­ción cansada, careciendo en absoluto de rebeldía social. «El Ama», la poesía más lograda de Galán, canta la sana alegría de vivir en la aldea, a causa del amor; el frío, la soledad, la inexorable muerte… La presencia constante de la muerte alcanza momentos gélidos, como en «Lo inagota­ble», visita de una madre a la tumba del hijo; «Ganadero», proyección de la vitali­dad hacia su fin; «La Galana», que es, a no dudar, una de las más convencionales: un- pastor ve morir a su hijita cuando le matan la cabra que la amamantaba. Tan sólo la fe en Dios airea el mundo enrare­cido del poeta. ‘En diferente estilo, «Surco arriba y surco abajo» es una alusión al problema de Las Hurdes, ante la cercana visita de Alfonso XIII. Tema que repite en tono culto en «A su Majestad el Rey». En otro momento y en homenaje a Unamuno escribe «Brindis».

II) Las nuevas castella­nas. Se nota en ellas mayor versatilidad; desaparece un tanto el tema de la muerte. Si bien se encuentra en tres composiciones capitales: «¿Qué tendrá?», donde se des­cribe la soledad de la hija del sepulturero; «El Amo», lamento del poeta ante la muerte de su padre, y «Canción», que es la postrer poesía de Galán y su testamento ideológico: «De luz y de sombras soy y quiero darme a las dos…» Pero la pauta de este grupo viene de la disparidad de temas, tales como la meditación desengañada sobre el hombre en «Las repúblicas»; la humorística pre­ocupación por dos nacimientos, de mujer el uno, de animal el otro, en «Noche fecunda»; «Un donjuán», «Himno al trabajo», que es el único grito de rebeldía social. «A correo vuelto», ocasional respuesta a un sablista que le pidió un libro.

III) Ex­tremeñas. Se escribieron por el ejemplo de «Cansera», poesía en dialecto murciano escrita por V. Medina. Gabriel y Galán, al utilizar el extremeño, se ve forzado a presentar tipos y problemas aún más po­pulares que en las anteriores poesías. Así «Varón», lamento de un padre ante la edu­cación de su hijo, que considera afeminada; «El embargo», monólogo de un desgraciado ante el juez; «La embajadora», en la que una mujer presenta un recién nacido a su. presunto padre; por fin, «La cenéfica» y «A Plasencia», que en distintos tonos elo­gian la acogida dispensada por Plasencia a los mutilados de Cuba.

IV) Religiosas. Expresan el sentimiento religioso desde la experiencia cotidiana y en las circunstan­cias de la vida íntima y social del poeta. «Inmaculada», «El catecismo», «Ciegos», «El Cristo de Velázquez», «Fe», queja por la desviación religiosa de la patria… Todas las composiciones hablan de la vivencia religiosa en el pueblo. A menudo en tono excesivamente costumbrista.

V) Las cam­pesinas y los fragmentos en prosa y verso. Temas paralelos con especial referencia a la vida de los pastores. «Mi vaquerillo», «Los pastores de mi abuelo», «Nocturno montañés». También aquí late la nostalgia por lo popular, sin horizonte. Y a menudo, como en la citada composición «A Su Ma­jestad» («Porque un sincero es quien canta y no un cortesano impuro…»), un deje de orgullo, a fuerza de sentar plaza de humildad el autor.

R. Jordana