Poesías de Sociedad, Wolfgang Goethe

[Gesellige Lieder]. Colección de una veintena de poesías, la mayor parte apropiadas para ser puestas en música o cantadas a coro, de Wolfgang Goethe (1748-1832), reunidas en el volumen Poesías (v.) y escritas en diversas épocas.

Las más notables son: «Canto de alianza» [«Bundeslied»], que había ya sido publicada en el Deutscher Mercur (v.) y compuesto en 1775, con ocasión del matrimonio del pre­dicador Eswald, con, el título «Canto de Alianza, cantado a cuatro voces, para una joven pareja». En la última estrofa, en la primera edición, hay una alusión a la pró­xima separación, sin melancolía ninguna, entre el poeta y Lili Schonemann: «Recuer­do de amor es, como el amor, siempre feli­cidad». La última edición, sin alusión a Lili, fue puesta en música por Reichhardt, por Zeller y por Beethoven, y se hizo popularísima en las logias masónicas (v. Logia).

«Ergo bibamus», «Confesión general» [«Generalbeichte» ] y «Mesa abierta» [«Offene Tafel»] parten de cantos ya compuestos an­tes: la primera, de una poesía de Riemer en 1774, con ocasión de una broma de Basedow que solía afirmar que la conclusión «Ergo bibamus» se adaptaba a cualquier premisa; la segunda, escrita en 1802, de una balada de Lorenzo de Médicis; la tercera, del estribillo de una vieja y conocida can­ción francesa. Tanto si la ocasión es un insignificante hecho de la vida de sociedad, o un recuerdo poético o un escrito ya exis­tente, para Goethe no es más que un mo­mento cualquiera que entra en la totalidad de su vida interior.

El mérito de todas es­tas poesías, como afirma Croce, que tradujo al italiano tres de ellas, consiste sobre todo en el ritmo. En algunas hay ciertas negli­gencias de detalle; en otras, como en el «Canto de mesa» (compuesto en 1802 para un banquete en honor del príncipe de Weimar, que estaba a punto de partir para Francia), hasta los detalles son perfectos. En todas ellas «el Goethe cordial y son­riente tiene aquí y allá alguna benévola ironía, propia del que se sabe, en aquellos instantes, presa de una ligera embriaguez».

G. F. Ajroldi