Poesías, Dionisio Solomos

La colección de las poesías de Dionisio Solo­mos (1798rl857) ordenada por Jacobo Polilás, amigo del poeta, comprende todo lo que de la producción fragmentaria del ma­yor poeta neogriego se pudo sacar a luz en sus manuscritos.

En la recopilación se incluyen las poesías (en gran parte de ins­piración religiosa) y las prosas en lengua italiana, en que se revelan buenas dotes estilísticas y rítmicas, y aquí y allá un aliento lírico y épico de primer orden. La primera parte de la obra griega contiene canciones de carácter popular y poesías de circunstancias (bodas, muertes, tomas de há­bito religioso) en que el poeta va en busca del instrumento expresivo, lingüístico y mé­trico, nueva y fatigosa conquista que si­guió a su experiencia italiana; en estas bre­ves estrofas metastásicas, en que el ritmo se apoya en repeticiones y en tediosos juegos de palabras, todo se congela, y sólo se salva aquí y allá alguna alegre gracia.

De mayor amplitud e intensidad son «La envenenada» —a la muerte de una suicida por amor —- y las odas «A una monja», original coro de ángeles salmodiantes, vibrante de alta emo­ción. El «Himno a la libertad» es la obra más famosa de Solomos; puesta en música por Mánzaros, se convirtió en himno nacio­nal de Grecia, y fue traducido al italiano y al francés varias veces: la Libertad, des­pués de larga noche de servidumbre, des­pierta, y sacude de su sopor a los hijos de Grecia, que se arrojan a luchas de terri­ble aspereza, émulos de los antiguos héroes, en nombre de la Patria y de la Fe; la Li­bertad señala finalmente en la Discordia la más peligrosa fuerza enemiga, e invita a los griegos a la fraternidad y a la con­ciencia de la santidad de la lucha. El «Him­no» es más famoso que grande; le perju­dican su amplitud excesiva, su retórica, des­igualdades de construcción, y también vaci­laciones lingüísticas y métricas.

Con todo, inesperados vuelos de imágenes, densas com­paraciones, cuadros trazados con esponta­neidad, y, sobre todo, cierta vigorosa dig­nidad, hacen que un ritmo de canción (octo­sílabos llanos y agudos de rimas alternas) rija totalmente en el aliento del himno. Inferior en mueblo es la «Oda a la muerte de Byron», de inspiración análoga. Un se­gundo género de obras incluye, además de una oda a «Marco Bótzaris» y algunas «Odas» necrológicas (entre las cuales está la «Envenenada en el Hades») y con otras composiciones de escaso relieve, los frag­mentos de varios poemas todos sin terminar. El «Lambrós» es un poema de trama román­tica, melodramática: en el campo griego, donde está Lambrós, animoso guerrero in­flamado por los ideales de libertad, se pre­senta una muchacha disfrazada para reve­lar una celada de los turcos; Lambrós la seduce, pero después descubre que es su hija, y la lleva a un lago donde la mucha­cha se mata.

Lambrós busca en la oración un consuelo para su remordimiento y su angustia, pero los espectros de otros tres hijos abandonados le cierran el paso, hasta que, desesperado, se arroja también al lago; María; la madre de los desventurados hijos, pierde el juicio y también se quita la vida. No son dignos de atención los fragmentos del «Nicéforo Briennino»; es desconocido hasta el tema del poema «El Cretense», en que el verso decapentasílabo canta con rara dulzura y vigor; los fragmentos del «Pulpo» son un paso más por el camino de la su­prema conquista expresiva de Solomos, La liberación de los sitiados (v.). Se recuerda por último en la obra de Solomos, aparte sus versiones del italiano (Metastasio, Petrar­ca), una inspiración satírica, sorprendente en el pensativo poeta, pero de interés docu­mental.

No menor interés ofrece la publi­cación reciente (1927) de un notable grupo de escritos inéditos (esbozos, planes, ensayos rítmicos, versos italianos, etc.) publicados por Kerofilas: entre ellos son de notar los planes de un extraño poema satírico, La mu­jer de Zante, cuya reconstrucción, así como su interpretación, presentan no pocas dificultades.

F. M.A Pontani