[Samlade Dikter]. Con este título fue publicada en 1911 la colección de versos de Gustaf Froding (1860 – 1911), poeta sueco, quien desde su primer libro Guitarra y organillo [Guitarr och dragharmonika] (1891) había conquistado a los lectores.
Desde Bellman no se había oído tanta sinceridad de sencillos acentos poéticos en tan feliz variedad de ritmos y de rimas. En un país en que la literatura ha sido siempre realista y popular en su tono, agradaron aquellos bocetos en verso, aquellas escenas campesinas que el poeta recopilará más tarde, junto con composiciones de diversa entonación, bajo la rúbrica de Arias del Varmland [Warmlándska látar]. Pronto se hicieron populares «Nuestro preboste», retrato de sabroso realismo campesino, en tono chancero y levemente caricaturesco; «Jan Ersa y Per Persa», boceto del espíritu pendenciero de los campesinos con dos personajes que se han hecho proverbiales; «Jonte y Brunte», dibujo lleno de humana simpatía de un criado anciano y un caballo viejo que al oscurecer regresan a casa cansados, saboreando de antemano el reposo.
«Elección penosa» repite, ligeramente dramatizado, el motivo popular de la perplejidad en la elección para marido entre un anciano rico y un joven ausente en busca de fortuna, elección que concluye con la preferencia concedida al viejo viudo regañón, jorobado y que apenas se sostiene; tanto puede en la joven campesina el amor del dinero. «Se bailaba allí en el camino» es la descripción de una animada danza nocturna al aire libre, de ritmo ajustado al del baile, toda ella llena de observaciones precisas y nombres propios, a la que siguen cantos báquicos según una tradición particularmente característica de la patria de Bellman, cancioncitas a imitación de las populares y composiciones en las cuales el poeta se complace en contar consejas y leyendas. Ciertas poesías pastorales tan diversas,» por su vivo realismo, de las alejandrinas humanísticas y setecentistas, evidencian al poeta que ha pasado por la experiencia romántica y naturalista.
De sensibilidad romántica está, en efecto, saturado el cancionero de Fróding, ya exprese la sensación dolorosa de la soledad del individuo («Un extraño», «Junto al lecho del enfermo»), de la fugacidad de la alegría de vivir que muere apenas gustada («Lifsgládjen»), de la impotencia humana ante los elementos, ante el curso ineluctable de las cosas («Várldens gáng»); ora el amor a tierras lejanas («Jag ville, jag vore»), o el gusto por lo primitivo y lo exótico. Pero esta sensibilidad, que a veces se detiene en reminiscencias de poetas amados como Heine y Atterbom, por lo general no tiene nada que ver con el «pathos» de los grandes poetas del Romanticismo, y se presenta limitada y como filtrada por la visión realista, y la observación y la sensibilidad no alcanzan profundidad de análisis ni aquella expresión concentrada y solemne propia de los versos magníficos del arte grande. Poeta idílico en el sentido etimológico de la palabra, Froding es inepto para tratar una materia difícil o elevada.
Débil como naturalista, epígono como romántico, pero feliz al disponer y acomodar poéticamente una materia campesina y formas popularmente cotidianas, tal vez alcanzó sus mejores efectos cuando iluminó casos humildes de cordial enternecimiento, de dolorosa compasión. El «Baile» [«Balen»] es un poemita narrativo, en diez partes, de metro y ritmo variados, en el cual el poeta se complace en evocar con deliciosa abundancia de pormenores y despreocupada ironía, que en Italia tiene su correspondencia en el modo literario de Gozzano, el papel que desempeñó en un baile solemne celebrado en una ciudad provinciana, con su frac prestado, con la falta de un botón en la pechera de la camisa y un zapato roto.
El «Poeta Wennerbom» retrata a un viejo poeta que un día de sol sale de la posada con una botella de aguardiente y se sienta en la hierba del jardín público, tomando un trago de cuando en cuando, y murmurando palabras para sí, borracho, mientras cuchichean los pájaros en derredor, susurran los insectos y la botella brilla al sol. Al reproducir esta humanidad tosca y triste de una manera minuciosa, iluminada por una dolorosa y melancólica simpatía, la poesía de Froding alcanza su cénit.
V. Santoli

