Poemas, Venancio Fortunato

Con­junto de once libros de composiciones poé­ticas de Venancio Honorio Clemenciano Fortunato (535 – 600 aprox.), poeta latino cristiano, nacido en la Italia septentrional y residente casi toda su vida en las Galias. Son poemas de distinto género y argumento, unos trescientos en total, dispuestos sin orden fijo; entre ellos tienen importancia especial los himnos Pange lingua (v.), Vexi­lia regis prodeunt (v.), Agnoscat omne saeculum (v.).

En cuanto a los metros, prevale­ce el dístico elegiaco, siendo en extremo raro el uso de las formas de la lírica clásica; se trata en general de composiciones de oca­sión. Son numerosos los panegíricos dedi­cados a mártires y a santos (como el de San Medardo y el de San Saturnino, obispo de Tolosa, o aquel, vivo y emotivo, en loor de la virginidad, escrito con ocasión de una fiesta de Santa Inés, patrona espiritual de Venancio), a eclesiásticos, a altos dignata­rios o a los mismos reyes merovingios. Las alabanzas, especialmente las dedicadas a estos últimos, ‘son a veces excesivas y la ad­miración del poeta es hiperbólica, pero no faltan acentos sinceros, como, por ejemplo, en el panegírico del obispo Leoncio, pro­tector del poeta, a quien está también dedi­cado el himno Agnoscat omne saeculum, y en las poesías dedicadas a sus amigos, como Lupo y Gogo.

De gran interés arqueológico son las numerosas poesías escritas con mo­tivo de la consagración de iglesias y monumentos, que el autor describe detallada­mente, como la dedicada a la iglesia que San Félix levantó en Nantes, o a la iglesia de San Martín, en Tours, mandada edificar por San Gregorio. Notables son asimismo los epitalamios, los epitafios, que por sí solos constituyen el libro IV, y los epigramas: con algún que otro acento sincero los pri­meros, más fríos y uniformes, si bien con alguna excepción, los segundos; pero nota­bilísimos para conocer la historia y cultura de la época. Más espontáneas y valiosas, como expresión del carácter y testimonio de las vicisitudes personales del poeta, son las breves epístolas poéticas dirigidas a per­sonajes del tiempo, más frecuentemente a Radegunga y a Inés, las mejores amigas de Fortunato.

Entre las epístolas en verso más largas y complicadas es notable la que des­cribe un viaje de Fortunato por el Mosela, de Metz a Andemach, en la que aparece la sensibilidad del poeta ante las bellezas de la naturaleza y su habilidad para descri­birlas. Entre las elegías, recordemos la de la trágica muerte de Gelesuinta, hija de un rey ostrogodo, a quien su marido Childeberto hizo matar, y las dos dirigidas por Radegunda respectivamente a su primo Amalafrido en Oriente y, después de saber la muerte de éste, a su sobrino Artachis; el dolor asume aquí una expresión viva, espontánea, conmovedora, sin apenas nin­guna amplificación retórica, por lo gene­ral tan frecuentes en las composiciones de Venancio.

En estos poemas aparecen dotes notables de poeta: frescor y originali­dad en las descripciones de la naturaleza, profundidad de sentimientos y afectos, rea­lismo no exento de una cierta vena cómica y satírica en la exposición de hechos de la vida cotidiana, como de los banquetes des­enfrenados de los bárbaros, de los concier­tos de la banda del clero de París, del des­bordamiento del riachuelo Egiricio. Por otra parte, Venancio adolece también de los defectos de la época: su estilo es a menudo rimbombante, y abusa de las figuras etimo­lógicas y retóricas. Con todo, por la espon­taneidad y frescor que suelen caracterizar la inspiración y los versos de Venancio, con razón su acento ha sido calificado como la última voz de la verdadera poesía en el umbral de la Edad Media.

E. Pasini