Los Poemas Dorados, Anatole France

[Les poèmes dorés]. Breve libro de versos, publicado en 1873, que reúne la producción poética juve­nil de Anatole France (François-Anatole Thibault, 1844-1924).

La colección, que es en realidad doble (porque además de los Poemas dorados propiamente dichos con­tiene un grupo de Idilios y leyendas), ates­tigua del modo más característico los orí­genes parnasianos del arte de France y muestra al mismo tiempo, en rápidos des­tellos de originalidad, aquella especial tendencia a un placentero y agudo filosofar que había de afirmarse más tarde en toda la obra del escritor. Pero, por el -momento, France se presenta completamente entre­gado a los delicados problemas de técnica del Parnaso, reverente discípulo de Leconte de Lisie (a quien va dedicado el libro), de Heredia y de Gautier (cuyo nombre figura más de una vez en estos versos), compañero y rival de Banville (v. las Odas funambu­lescas) en sus briosas elegancias de un neo­clasicismo casi acrobático, ornado de son­riente paganismo.

El carácter genuino de este género de poesía es la descripción, o mejor dicho, el pintoresco comentario descriptivo, la placentera y fantástica «variación» sobre algún tema sencillo ofrecido por la contem­plación de la realidad (figuras de animales, plantas, esbozos de paisaje). A veces su tono se eleva hasta la figuración de cuadros completos entre naturalistas y mitológicos, donde la vida de la naturaleza es interpretada con cierto sentimiento filosófico que se destila en versos tan exquisitamente elegantes que hacen pensar en Valéry; y en esta dirección han de buscarse sus mejores poesías («Les cerfs», «Les sapins», «Vénus, étoile du soir»). Tampoco faltan las reminiscencias y las fuentes literarias, casi siempre cuida­dosamente indicadas (desde Dante y Boccaccio a Byron), y un decidido gusto por las antiguas leyendas de las que es fácil extraer un símbolo moralizador («Le Vénusberg»). Por lo cual, en este anuncio de te­mas y motivos artísticos reside el interés, típicamente documental, de este libro, el cual, por sí mismo, a pesar de la refinada elegancia de sus maneras, no es de un gran valor poético.

M. Bonfantini