Píramo y Tisbe, Anónimo

[Pyramus, Thisbe]. Relato metamórfico oriental, perteneciente a la colección de los cuentos babilónicos, que se hizo famoso en el mundo romano y a lo largo de la Edad Media por su placentera versión ovidiana; la tradición clásica confluye en la historia veronesa de Romeo y Julieta (v.), reviviendo con mag­nífico espíritu de humanidad en la gran obra shakespeariana.

El cuento reúne la suerte de dos bellísimos y enamorados ado­lescentes con la metamorfosis de las blancas bayas del moral en el triste color del luto. Los dos jovencitos se aman desde su tierna infancia, pero sus padres se oponen a la boda; deciden huir y encontrarse a la noche junto al moral, fuera de la ciudad, hacia el desierto. Primero llega la impaciente Tisbe (v.), a quien hace audaz la dulzura del pecado; pero una leona, ensangrentada to­davía por la matanza que ha hecho, pone en fuga a Tisbe, que se esconde en una cueva y mancha de sangre su velo caído.

La fiera sacia su sed, y se vuelve al desierto; llega Píramo (v.), ve el velo manchado de sangre, cree muerta a su amante, y se mata con su espada junto al árbol del fatal en­cuentro; brota su sangre y baña las bayas, que se tornan negras. Cuando acude Tisbe, no le queda más que morir por obra de aquella espada y seguir a su enamorado a la otra vida; y los dos amantes tendrán, en común, por toda la eternidad, la urna y las cenizas (Ovidio, Metamorfosis, 1, IV). Este cuento mantiene en su versión poética toda su frescura narrativa e ingenua; también su fondo oriental contribuye a crear aquella atmósfera de irrealidad en la cual se perfi­lan en contorno de ensueño los dos amantes.

La delicadeza de sus rasgos pictóricos nos lleva gradualmente de lo ingenuo a lo trá­gico, y de lo trágico a lo patético; las dos apasionadas alocuciones de Píramo y de Tisbe moribundos (que se sostienen uno a otro) y el lamento de Tisbe sobre el cadá­ver de su amado dan a los caracteres con­tornos precisos, de los cuales se servirá como modelo la poesía de la Edad Media latina y vulgar, en situaciones semejantes o afines. Una leyenda tardía narrada por Nicolás Damasceno (griego del siglo IV d. de C.), nos presenta una Tisbe arrepentida de su falta, que se mata al no poder ocultar el fruto de su amor; Píramo se quita tam­bién la vida al no poder resistir aquel do­lor. Los dioses, enternecidos, la transforman a ella en la fuente que llevaba su nombre, y a él en el río homónimo que fluye en Ci- licia, poco distante de aquélla.

I. Cazzaniga