[Pippa Passes]. Poema del inglés Robert Browning (1812-1889), compuesto en 1841. Una joven hilandera, que trabaja en una hilandería de seda de Ásolo, quiere aprovechar el día que se le ha concedido de vacaciones, el primero de año, para ver cuantas cosas le sea posible.
Con el alma llena de alegría, al amanecer se pone en camino e infunde con su canto una fuerza .serena en el ánimo de cuantos oyen su voz argentina. Pasa de este modo, por la mañana, junto a la opulenta casa de un músico que siente odio hacia su mujer y piensa en asesinarla. Pipa canta en aquel momento: «Dios está en su cielo; todo va bien en el mundo», y el hombre, sacudido en lo más íntimo de su conciencia, rechaza horrorizado el pensamiento del delito. Al mediodía la joven ve a un escultor que, estando a punto de casarse con una muchacha a la que ama, descubre que ella lo acepta como marido no por lo que es, sino por su dinero.
Indignado, querría matarla, pero oye el canto de Pipa: «Dale, al menos, el mínimo pretexto para que te ame», y logra, con el calor de su afecto, despertar el amor en el corazón de la mujer. Por la tarde, Pipa encuentra a una madre angustiada por la suerte de su amado hijo, que, por motivos políticos, ha decidido matar al rey. Pipa pasa cantando: «No hay necesidad de que muera el rey», y el joven, abandonando la idea del crimen, huye, evitando su detención. Llega la noche y Pipa divisa a dos religiosos, uno de los cuales, un obispo, decide matar a Pipa, para hacerse así dueño de una propiedad usurpada a la muchacha. Pero ésta pasa cantando: «De súbito Dios me tomó», y el prelado, conmovido y arrepentido, deja de cometer el delito.
La jornada de Pipa ha resultado tanto más fructuosa, porque cuatro veces ha sido la voz de la conciencia y ha demostrado que todas nuestras acciones, incluso las más insignificantes, obran profundamente en el ánimo de nuestros prójimos. El poema es una de las más bellas expresiones del lirismo dramático que hizo famoso a Browning, y expone una de las ideas fundamentales de su concepción de la vida.
G. Lupi

