Piña de Rosa, Joaquim Ruyra

[Pinya de rosa]. Narra­ciones del novelista y poeta catalán Joaquim Ruyra (1858-1939), publicadas en 1920. En esta obra se incluyen, revisadas según las normas ortográficas de Pompeu Fabra, las que el autor publicó en 1903 bajo el título de Marines i boscatges y otras iné­ditas.

Pinya de rosa está dividida en cua­tro libros. En el primero, bajo el subtítulo de «Impressions», predominan los relatos referentes a su primera juventud, cuando aprendió el arte de la pesca junto a sus compañeros de juego y a sus parientes, muy duchos en el oficio. La presencia del mar es avasalladora en esta parte; por doquier nos seduce lo que García Lorca llamó su «inmenso rostro». Ruyra nos cuenta hasta el detalle más nimio, pero sin cansarnos nunca, las incidencias de la pesca en sus distintas formas.

Leemos los nombres ruti­lantes de los peces, seguimos sus movimien­tos graciosos y escurridizos, acompañamos el curso del sol que combina sus reflejos entre el agua y las montañas, gozamos de los paisajes del mediodía pleno y rumoroso, de la nocturnidad callada y agobiante, de los espectros lunares y siempre ante nos­otros los gestos, los colores, el aliento y la vida multiforme del mar. Léanse «L’éxtasi de Toncle Ventura», «Mánegues marines», «Mar de llamp», etc. Sin embargo, los rela­tos «Avís misterios» y «La basarda» con­jugan la línea descriptiva de los ya cita­dos con cierta mágica poesía, en especial «La basarda», donde Ruyra explica, con su arte inimitable, el vago sentimiento de te­mor, de raíz sobrehumana, que le sobre­cogió al atravesar un bosque en la alta noche. Estas narraciones tienen el mismo tono, aunque con menos predominio imagi­nativo, que las contenidas en el libro segundo, con el subtítulo de «Fantasies».

En «Les senyoretes del mar», unas sirenas dimi­nutas juegan infantilmente por encima del cuerpo de un marinero dormido en la pla­ya. «La vetlla deis morts» es un precioso relato, a la manera de Villiers de l’Isle- Adam, que mantiene el equilibrio realismo- irrealidad hasta que se produce el hecho «misterioso»; la sardana que bailan los di­funtos el día 2 de noviembre.

El libro ter­cero, subtitulado «Novelletes», contiene «En Garet a l’enramada», historia de un joven pescador, muy tímido, que en vano espera conseguir el amor de su bella prima Cinta; sin embargo, ella, después de divertirse y coquetear aparentemente con un indiano en la fiesta mayor, entrega a su primo un cla­vel como prenda de su definitivo amor. «La Fineta» cuenta el episodio de una hacen­dosa muchachita en trance de ser raptada por un hosco leñador, de cuyas garras es salvada por sus propios familiares cuando regresan del mar. «Jacobé» es una deliciosa narración romántica, sentimental, que sal­va, no obstante, el escollo del sentimenta­lismo, y nos presenta a una hermosa cria­tura que va marchitándose, víctima de una terrible herencia alcohólica, y acaba despe­ñándose trágicamente.

El libro cuarto, sub­titulado «Novelletes capitulades», contiene las dos narraciones más extensas e impor­tantes de Ruyra. En «El rem de trenta-quatre», Marianna Saura cuenta a una amiga las incidencias de un largo viaje por mar, bordeando la Costa Brava. Su padre, viejo lobo de mar, se opone a que la muchacha les acompañe, pero, al fin, cede. A través del relato de Marianna el lector puede se­guir, paso a paso, la vida de a bordo. Las disputas entre marineros, los cortejos de peces que acompañan a la «Santa Rita» — tal es el nombre de la embarcación—, la típica comida, los vivos diálogos, salpicados de humor y de palabrotas. Pero rompe la placidez de la travesía una tempestad que no les permite refugiarse en ningún puerto: ni en Palamós, Lloret, Tossa, etc. Al fin sus preces a la Virgen del Vilar son escucha­das; amaina la tempestad y todos los tri­pulantes van luego a postrarse ante su salvadora. En «L’idilli d’En Temme», un muchacho, al que su madre ha dilapidado los ahorros con los que proyectaba com­prarse una barca de pesca, mientras está pescando en la orilla puede rescatar, después de una dolorosa pelea con un pulpo, un va­lioso collar de la esposa de un rico indiano y recibe como recompensa la tan deseada embarcación.

Ruyra representa una reacción espiritualista contra el hosco pesimismo de la escuela rural catalana. No se le puede considerar un novelista completo porque su visión idílica y franciscana de la vida le vedó el análisis de toda la gama de per­sonajes turbios y de pasiones violentas. Sin embargo, es, sin duda alguna, el mejor narrador catalán de nuestro siglo. Su estilo es comparable al de los grandes estilistas (cada uno desde su vertiente) como Carner, Cardó, Riba, Espriu, etc. Su expresión es poética y elaborada, nunca trivial o intras­cendente. Todo en su obra parece intensa­mente vivido. Su prodigioso don de len­guaje abunda en expresiones del dialecto «salat» de los pescadores de la Costa Brava, cuyos diálogos parecen recogidos taquigrá­ficamente.

A. Manent