P’i P’a Ki, Kao Tsê-ch’êng

[Historia de la mandolina]. Célebre drama chino de Kao Tsê-ch’êng (siglo XIV d. de C.), dividido en cuarenta y dos actos. El literato Ts’ai Yung (o Ts’ai Pe-kai), después de su boda con Chao Wu-niang, ofrece una merienda a sus viejos padres bajo el esplendoroso sol de pri­mavera, y afirma su decisión de permane­cer siempre en casa para servir a la fami­lia, renunciando a toda ambición de cargos y de honores.

Llega en aquel momento una carta del subprefecto de la ciudad, el cual comunica que el gobierno imperial, informado de los méritos de Ts’ai Yung, le in­vita a las oposiciones que tendrán lugar en la capital. Ts’ai Yung primero quiere rehu­sar; pero después, tras las insistentes reco­mendaciones de su padre y de su vecino Chang Tai-kung, consiente en partir para la ciudad imperial. Sigue la partida, evo­cada con cantos finos y delicados que ex­presan el amor y la melancolía de los dos nuevos esposos.

Ts’ai Yung, una vez llegado a la capital, triunfa tan espléndidamente en las oposiciones, que el primer ministro, Niu T’ai-shih, piensa en darle en matri­monio a su única hija, y pide inmediata­mente la aprobación del emperador, lo cual pone en grave aprieto a Ts’ai, parque él ama a su primera mujer Chao Wu-niang y desea volver a su casa; pero por-otra parte teme ofender al primer ministro. Al fin prevalece la autoridad de Niu T’ai-shih, y el matrimonio se celebra con gran solem­nidad. Entre tanto, cambian mucho las condiciones de la casa paterna. Después de varios reveses y de la carestía, los padres de Ts’ai han caído en la más negra mise­ria.

La pobre Chao Wu-niang consume sus fuerzas para ayudar a los suegros; exte­nuada por la fatiga y por la angustia de la larga ausencia del marido, lucha contra la tentación del suicidio y sólo el pensamien­to de los dos viejos le da fuerzas para tra­bajar. Al fin, a pesar de los cuidados de Chao Wu-niang, los padres de Ts’ai enfer­man y mueren y Chao Wu-niang se corta los bellísimos cabellos y los vende para poder costear el entierro. Después parte hacia la capital para encontrar a su ma­rido, lleva con ella los dos retratos de los padres de éste, y canta acompañándose con la mandolina para conseguir alguna limos­na.

Llega por fin a la ciudad imperial, y se dirige a una pagoda donde se celebra una fiesta solemne. Expone las dos pinturas en la sala de la plegaria. De improviso se anuncia la llegada de Ts’ai, convertido en el noble Ts’ai Chuang-yüan; todos se reti­ran, y Chao Wu-niang no llega a tiempo de coger de nuevo los dos retratos. Cuando, después de haber partido Ts’ai, entra de nuevo en el templo, ya no encuentra las dos pinturas; entonces Chao Wu-niang va a casa del marido, vestida de monja, y pide audiencia a la dueña de la casa. La nueva mujer de Ts’ai la recibe, y después de oír toda su historia la retiene cerca de sí en secreto, como hermana suya.

Un día, Chao Wu-niang entra sola en el estudio de Ts’ai Yung y ve las dos pinturas de los viejos padres colgadas del muro; toma el pincel y escribe sobre ellas algunos versos. Ts’ai Yung pide entonces explicaciones a su nueva mujer, la cual le cuenta todas las peripecias de Chao Wu-niang. Arrepentido, y profundamente conmovido, el poeta reco­noce a Chao Wu-niang como a su primera mujer y vuelve a la casa paterna para hacer a sus padres una tumba digna. El drama termina con un decreto imperial por el que el emperador elogia la virtud de la familia Ts’ai y decreta para ella títulos y honores.

La sucesión de los hechos en el drama apa­rece artificiosa y forzada; pero la obra, por la exquisita elegancia de los cantos insertos en ella, por el vigor de muchas escenas y por la nobleza de sentimientos, vive en una atmósfera de delicada poesía. Está justa­mente considerada como la mejor de las obras teatrales de la China meridional en la época medieval. Trad. francesa de M. Barzin (Le Pi-Pa-Ki ou L’histoire du Luth, árame chinois de Kao-tong-kia représenté á Péking en 1404 avec les changements de Mao-tsen, traduit sur le texte original, Pa­rís, 1841).

S. Lokwang

No se distingue ni por la unidad dramá­tica, en el sentido moderno, dado que se compone de 42 actos y que la acción dura años; ni por la delicadeza de la imagina­ción, que resulta mejor en el Pabellón de la Peonía [Mu T’an T’ingj; ni por su belleza poética, que resulta mejor en la Historia del ala occidental de la casa [Hsi Hsiang Ki]; ni por la grandeza de la pasión como en el Palacio de la inmortalidad [Chang Shéng Tien]. Pero la Historia de la Mando­lina mantiene su popularidad gracias a su convencida glorificación de la belleza del amor doméstico y de la lealtad, que siempre hallan eco en el corazón chino. Su influen­cia es realmente típica. (Lin Yutang)