Peter Rugg, El Hombre Perdido, William Austin

[Peter Rugg, the Missing Man]. Cuento del norteamericano William Austin (1778-1841), publicado en 1824. El relato está conducido bastante hábilmente, como una especie de investigación hecha por el narrador, que escribe en primera persona, después de un primero y casual encuentro con Peter Rugg.

Éste, con su hija, vaga a través de Amé­rica, de estado en estado, en un carricoche tirado por un caballo fogoso y casi indó­mito; y esté donde esté, pregunta a todo el mundo el camino más corto para llegar a Boston. Por donde pasa, un temporal se produce, aunque el cielo esté sereno y el tiempo sea estupendo. Cansado, aterido, mojado por la lluvia que le sigue por do­quier, equivoca siempre el camino y no cree nunca estar donde le dicen sus informadores; aunque no recuerde cuándo dejó Boston y su casa, le parece que siempre está cerca y que podrá llegar antes que se haga de noche. Hay varios episodios y otros tantos encuentros del narrador con el erra­bundo y su caballo.

Entre los más impresio­nantes está el episodio en que Rugg está en Boston y no puede . reconocerlo, pues hace más de veinte años que viaja sin al­canzar la meta; y el de la carrera de caba­llos en que el caballo negro de Rugg (que deja la huella de una pezuña de buey) se introduce como una aparición. Rugg, por lo que se va sabiendo, era un hombre impe­tuoso y fogoso; y está condenado a vaga­bundear por haber blasfemado, en un rapto de ira, durante un temporal. El cuento, que está lleno de anotaciones aparentemente periodísticas, acaba con la vuelta de Rugg y de su hija a Boston. Su mujer ha muerto. Queda el lugar donde estaba la casa, pero no la casa, y el hombre ya no podrá tener morada en el mundo.

El estilo del cuento clarísimo y sencillo, es muy personal por la forma en que se introducen los elemen­tos sobrenaturales. En 1888, Thomas Wentworth Higginson señaló en Austin a mi precursor de Hawthorne; ciertamente la te­sis es aceptable, aunque en Peter Rugg se conceda más atención al cuento que a lo que más. importaba a Hawthorne: la inter­pretación, a menudo sombría, en negro, se­gún una rígida inflexibilidad puritana.

A. Camerino