Persiles y Sigismunda, Miguel de Cervantes y Saavedra

Novela en cuatro libros, de Miguel de Cervantes y Saavedra (1547-1616), publicada póstumamente por su viuda en Madrid en 1617, y el mismo año por otros editores en Valen­cia, Barcelona, Pamplona y Bruselas.

Es la última obra del gran escritor, empezada probablemente junto con la segunda parte del Quijote (v.) y acabada pocos días antes de morir, «con el pie en el estribo», como dice en la dedicatoria al Conde de Lemos. Con esta novela Cervantes se des­pedía de la vida y de la gloria; y el adiós del prólogo es la transcripción en primera persona del final del Quijote. El título com­pleto de la obra es Trabajos de Persiles y Sigismunda, historia septentrional. El subtí­tulo «historia septentrional» se adapta me­jor a los dos primeros libros, que se des­arrollan en las neblinosas playas nórdicas, que viajeros y escritores representaban, con la encendida fantasía del barroco, como la última Thule de lo fantástico y misterioso.

Cervantes toma aquel mundo maravilloso y fabuloso como fondo de la perfecta epopeya en prosa, que el canónigo del Quijote oponía a las extravagancias de los libros de caba­llería, escritos sin arte y sin reglas. Arte y reglas quería decir literatura clásica vi­gilada y documentada en todo punto; ya en el prólogo de las Novelas ejemplares (v.) declaraba Cervantes explícitamente que quería competir con Heliodoro, cuyas Etió­picas (v.) fueron consideradas, en el ba­rroco siglo XVII, como la novela típica del clasicismo. Quizás más que en Heliodoro, Cervantes se fijó en Aquiles Tacio, cuyos Amores de Clitofonte y de Leucipa habían sido traducidos al español por Núñez de Reinoso, con el título Historia de los amo­res de Clareo y Florisea (1552), pero la crítica ha señalado las analogías y coincidencias de situación entre las Etiópicas y el Persiles, situaciones basadas en la acostum­brada pareja de amantes a quienes la suerte somete a las más inesperadas peripecias y adversidades, terminadas con la definitiva unión de los enamorados.

Cervantes moder­niza estas situaciones, confiriendo a la pa­reja todas las virtudes poéticas y cristianas,- y sustituyendo el luminoso mundo medi­terráneo por el tenebroso septentrión. Persiles, príncipe de Thule, y Sigismunda, hija del rey de Frislandia, fingiéndose hermanos bajo los falsos nombres de Periandro y Auristela, peregrinan desde las extremas regiones septentrionales hasta Roma, a tra­vés de Portugal, Francia e Italia, para ob­tener del Papa la legitimación de su amor, que atraviesa casto y puro las peores prue­bas y las aventuras más terribles.

El com­plicado plan de la novela, basado sustan­cialmente en una línea narrativa frecuen­temente interrumpida, permite al autor su­gerir la intervención de un hado ciego bajo cuyo misterioso influjo pone a los pro­tagonistas y demás personajes secundarios que el azar pone en su camino. En las dos primeras partes, los encuentros que el autor prepara a sus criaturas, con olvido de toda relación histórica, se ordenan según una libérrima fantasía: naufragios, raptos, sepa­raciones, sueños, portentos; y las muchas historias y episodios que enriquecen la trama (entre los cuales destacan el del Rey Policarpo y el de la shakespeariana Rosamunda) se insertan con relieve en el relato principal sin turbar su desarrollo. En los dos últimos libros, aunque atento’ siempre a la sorpresa y a la intriga, Cervantes bus­ca, para las aventuras de los castos enamo­rados, una escenografía más variada en las plazas y ciudades del mundo contemporáneo, y allí se refleja su verdadera natura­leza de fino y humorístico observador de la realidad humana.

El final de la novela queda indeciso entre la conclusión trágica, con la muerte de Periandro, y el precipitado final feliz del último capítulo. Esta indeci­sión, por otra parte, no resulta perturbadora, porque no es la coherencia ni la lógica interna de los personajes lo que interesa en la novela, sino precisamente su sugestivo esquematismo de sombras impersonales y fugaces, que se mueven en un mundo de ensueño ideal evocado con medios casi musicales.

C. Capasso

El último sueño romántico de Cervantes. (Farinelli)

Persiles y Sigismunda no es una novela, es un mundo. (Savj-López)

El Persilés, obra de la ancianidad de Cer­vantes, es un encantador mosaico de recuer­dos de sus lecturas y de su vida. (Schevill y Bonilla)