Personajes de las Obras de Shakespeare, William Hazlitt

[Characters of Shakespeare s Plays]. En esta colección de ensayos, publi­cados en 1817, el crítico inglés William Hazlitt (1778-1830), tomando como punto de partida la revalorización de la obra sha­kespeariana llevada a cabo en aquellos años por Schlegel, refuta los juicios dados sobre Shakespeare por Johnson, incapaz por su contextura mental de captar sus infinitos matices, y se propone, examinando sobre todo los dramas, probar cómo todos los ca­racteres de Shakespeare son caracteres individuales, como lo son los de la vida misma, y que no es posible hallar dos que sean iguales.

Comienza analizando Cimbelino (v.), en el que reconoce el más her­moso drama histórico de Shakespeare, centrado en torno a la inalterable fidelidad de Imogen. Especial atención presta a las que pasan por las cuatro principales tragedias shakespearianas: El rey Lear (v.) es su­perior por la profunda intensidad de la pasión; Macbeth (v.), imaginativa y rápida, tiene la tosca originalidad de una crónica antigua, reavivada por la brillante fantasía de un poeta; la belleza de Otelo (v.) con­siste en el interés progresivo del drama, en las alternativas del sentimiento y en la figura de Yago (v.), ejemplo de morbosa actividad intelectual, unida a la más per­fecta indiferencia moral; en Hamlet (v.) admira el refinado desenvolvimiento de sen­timiento y pensamiento, y el carácter del protagonista, «hecho de líneas onduladas» y «flexible como una ola del mar»; Timón de Atenas es el único drama de Shakes­peare en el que el sentimiento dominante es la hipocondría; Troilo y Crésida (v. Troilo y Criseida) desligada y fragmenta­ria, contiene, con todo, cosas bellas, por la fusión de lo ridículo o irónico con lo ma­jestuoso y grave.

En la Tempestad (v.), caracteres humanos y fantásticos, dra­máticos y grotescos, están ligados con arte insuperable. En Romeo y Julieta (v.), el único drama shakespeariano enteramente fundado sobre una historia de amor, todo habla el ardiente lenguaje de la pasión. Hazlitt pasa después a analizar la serie de dramas históricos shakespearianos que for­man un espléndido cuadro del «buen tiempo antiguo». Analizando luego las comedias, que define como «comedias de la naturale­za», en oposición a las comedias artificiales de Congreve y de su escuela, Hazlitt ob­serva cómo la Noche de Epifanía (v.) es una constante fusión de romanticismo y de entusiasmo; Los dos hidalgos de Verona (v.) no es más que un esbozo, que contiene sin embargo pasos altamente poéticos; El cuento de invierno (v.) es un conjunto delicioso de pasión trágica, dulzura román­tica y humorismo cómico; Todo está bien si acaba bien (v.), una encantadora comedia tomada de una novela de Boccaccio.

En el Mercader de Venecia (v.) Shylock (v.) es un «robusto odiador», y la escena del pro­ceso es una obra maestra de habilidad dra­mática; Las alegres comadres de Windsor (v.) son divertidas, pero Falstaff (v.) ha perdido en ellas espíritu y elocuencia. Tras de algún breve toque a las demás comedias menores y a los poemas y sonetos, Hazlitt concluye que sólo en las obras dramáti­cas es Shakespeare verdaderamente grande, «porque sólo representando a los demás era verdaderamente él mismo». En este análisis, el autor no dice al lector lo que sabe sobre Shakespeare y sus escritos, sino más bien lo que siente en torno a ellos y por qué lo siente; más que una verdadera crítica, William Hazlitt nos da en estos ensayos un discurso sobre la filosofía de la vida y de la naturaleza.

A. P. Marchesini