Los Rivales, Richard Brinsley Sheridan

[The rivals]. Comedia del escritor angloirlandés Richard Brinsley Sheridan (1751-1816), representada por pri­mera vez en 1755. Los protagonistas de esta comedia, que, junto con la Escuela de la maledicencia (v.), constituye lo más durable del conjunto de la obra del autor, son dos parejas de enamorados: el capitán Absolute y Lydia Languish, Faulkland y Julia Melville. En las peripecias de la primera, Sheri­dan satirizó a las muchachas exaltadas por la lectura de novelas y con la segunda sati­rizó graciosamente las comedias sentimenta­les entonces en boga.

Lydia quiere ser ama­da misteriosamente, desea ser raptada y pre­tende que el amado renuncie a su dote. Por eso Absolute, conociéndola bien, se hace pasar por el arruinado alférez Beverley, y la corteja secretamente. La tía de Lydia, Mrs. Malaprop, proverbial por su manera florida de hablar con párrafos altisonantes y usados fuera de propósito, prohíbe a la muchacha toda relación con aquel desco­nocido y la tiene prisionera en casa. Lydia, feliz con esta su romántica situación, rehú­sa toda otra propuesta de matrimonio, con­tenta con cambiar billetes amorosos con su amado Beverley. Sir Anthony Absolute, pa­dre del capitán, desconociendo el amor de los jóvenes, proyecta el matrimonio de su hijo con la rica heredera; así que el capi­tán, al ser presentado a Mrs. Malaprop, tie­ne que comprometerse a liberar a Lydia de las importunidades del inexistente Bever­ley» y, por otra parte, por encargo de un amigo enamorado también de Lydia, ha de buscarlo y desafiarle a duelo. Tanto como Lydia es caprichosa, Julia es sensata y sentimental: Faulkland está morbosamente celoso de la joven, pero ella soporta sere­namente sus ocurrencias y caprichos.

En la última escena los «rivales» deberían encontrarse sobre el terreno, pero al llegar a este punto, Absolute revela a los amigos que no es otro que Beverley, mientras que, avisados por los criados, llegan dispuestos a perdonarlo todo Lydia, Julia, Mrs. Malaprop y sir Anthony, y naturalmente, todo acaba bien. El mérito principal de esta co­media, como el de otras muchas del mismo género, reside sobre todo en el diálogo alegre, sonoro, en el que se armonizan y brillan los párrafos agudos que compen­san la lentitud de la acción y la psicología convencional de los personajes, en los que es fácil reconocer, bajo el inteligente ro­paje con que los ha revestido Sheridan, los tipos del antiguo repertorio.

L. Krasnik