Los empleados, Honoré de Balzac

[Employés]. Título de una novela publicada en 1837.

El barón de la Billardiére, jefe de división del Ministerio, va a morir, y su sucesión pone en lucha a los dos jefes de la oficina, y a sus respec­tivas familias que esperan el ascenso. Rabourdin es el jefe serio, capaz, con la anti­güedad necesaria: es el sucesor de derecho; Baudoyer es el jefe que carece de todos los requisitos de su antagonista, pero no por eso tiene menos probabilidades de triunfo, gracias a la intriga.

La joven y bella señora Rabourdin maniobra con habilidad, y con las artes infalibles de la dulce lisonja se gana al secretario general del ministerio, el señor De Lapeaulx, y a través de éste, al ministro; pero la señora Elisabet Baudoyer pone en movimiento a su extensa paren­tela, hace una donación a la Iglesia para obtener su apoyo, y se sirve de los usure­ros Gigonet y Gobseck (v.), lejanos pa­rientes, que tienen créditos contra Lapeaulx. Mientras la señora Rabourdin desempeña su papel de astuta fascinadora, y llega a ob­tener del propio ministro la promesa del ascenso del marido, Elisabet Baudoyer, cuya causa está públicamente marcada con el sello clerical y monárquico, hace que Gi­gonet y Gobseck visiten al secretario gene­ral para asegurarle la cancelación de sus deudas y una ampliación de las tierras que rodean la posesión paterna, la cual le per­mitirá ser elector del gran Colegio, conde, y diputado.

Naturalmente que Lapeaulx prefiere la propuesta que le asegura un bri­llante porvenir, a las sonrisas de Madame Rabourdin que no le aseguran nada. Ra­zonará su decisión en favor del insigni­ficante Baudoyer ante el asombrado minis­tro, exhibiendo un documento secreto, sus­traído a Rabourdin por un empleado infiel, en el que el jefe de la oficina, al final de una vasta reforma de los servicios que pen­saba proponer al ministerio, analizaba con aguda inexorabilidad las insuficiencias y taras morales del personal encargado de la administración del Estado. La amargura de esta conclusión, aparece mitigada, en el con­junto de la obra, por el tono de franca comedia en que la complicada intriga en­cuentra expresión de extraordinaria viveza y naturalidad.

Balzac no ha querido llevarnos a dramáticos descubrimientos, sino po­ner de relieve- con fuerte nitidez los carac­teres del mundillo de la burocracia que nos retrata con estilo ejemplarmente brio­so. Desde este punto de vista, el libro es clásico en su género, y fijó temas destina­dos a tener gran éxito en todo el arte na­rrativo francés a través de muchas novelas de Maupassant hasta la obra maestra de Courteline, Los señores de las medias man­gas (v.). [Trad. de Joaquín García Bravo (Barcelona, 1903)].

M. Bonfantini

Hay en estos fastidiosos Employés cuadros de intensa realidad.(Lanson)