Los dos Foscari, Georges Gordon Byron

[The two Foscari]. Drama en cinco actos y en verso, publicado en el año 1821. El drama se inicia con la tor­tura de Jacobo, hijo del dux Francisco Foscari, que ha sido desterrado dos ve­ces por soborno y complicidad en un cri­men, y conducido de nuevo a Venecia acu­sado de traición. El dux firma la senten­cia para su tercer destierro. Pero el amor de Jacobo por Venecia es tal que muere ante la idea de tener que abandonarla. E

l viejo dux, obligado por los Diez a abdicar, abandona el palacio y mientras baja por las escaleras oye la campana de San Marcos que toca por el nombramiento de su suce­sor, y fallece (Byron se toma ciertas libertades con los hechos históricos, pues Jacobo murió desterrado en Candia y el dux no murió inmediatamente después de su depo­sición). Escribieron dramas sobre el mismo argumento Carlo Marenco (1800-1846: La famiglia Foscari, 1835), y Giacinto Battaglia (1803-1861). Sugirió un cuadro (Jacobo sa­cado de la cámara de tortura encuentra a su familia) a Eugéne Delacroix (1798-1863).

M. Praz

*     La sexta ópera de Giuseppe Verdi (1813-1901), I due Foscari, compuesta con libre­to de Francesco Maria Piave (1810-1876), también se inspira en el drama byroniano; fue estrenada en el teatro Argentina de Roma en 1844. Clasificada como «tragedia lírica», consta de un preludio y tres actos divididos en quince cuadros. George Byron había muerto hacía veinte años, cuando Ver- di decidió elegir entre sus tragedias de am­biente veneciano Los dos Foscari (1821). Los italianos estaban entusiasmados, a la sazón, por el arte de Byron y su carácter sombrío y oscuro; y de Los dos Foscari Verdi decía: «Es un argumento lleno de pa­sión, muy musicable». Jacopo Foscari, hijo del dux Francesco, de vuelta del destierro es condenado nuevamente a igual pena por el Consejo de los Diez, a consecuencia de una carta interceptada, que hace sospechar un crimen político. Loredano se encarniza contra él.

Jacopo tendrá que salir, abando­nando en Venecia a su mujer Lucrezia y a sus dos hijos. El dux se siente combatido entre el amor paternal y su sentimiento del deber. No sabe si su hijo es, o no, cul­pable, y por eso es más grave su angus­tia. Acaba haciendo de manera que la ley se cumpla. Y acompaña a su hijo hasta la orilla, de donde aquél saldrá para no volver nunca más. A pesar de su sacrificio, sus enemigos deciden abatirlo también en el poder que le había sido confiado por toda la vida. De nada sirven su indignación y su resistencia. Tiene que abandonar su car­go. En este punto, la prueba de la inocen­cia de su hijo se junta con la noticia que el mismo, en el momento de la partida, ha muerto de dolor. La tragedia byroniana no permitía acentos tranquilos e instantes de alegría. Ambiente y personas, todo es oscuro y trágico. Una barcarola en el tercer acto es una tentativa de divagación. Pero no es lo oscuro, lo doloroso, lo que constituyen los elementos negativos, sino el hecho de que la música no sea trágica en todas sus partes.

Es poderoso el personaje del dux. Es como un primer bosquejo del Simón Boccanegra (v.) por el carácter de la auto­ridad y por las relaciones de su autoridad con las vicisitudes familiares. El dolor y la austeridad se manifiestan en recitativos so­lemnes y patéticos, en efusiones firmes y también en cantilenas dolorosas, aunque en ésta, como en otras óperas de Verdi, más que los «cantabili», valen los «ariosi». «O vecchio cor che batti», «Questa é dun- que l’iniqua mercede?», «Quel bronzo ferale», son cantos verdaderamente robustos. Jacopo tiene más de una aria emocionada^ que refleja su impotente angustia contra las falsas acusaciones y los crueles y odiosos rigores. La escena de la alucinación, con la introducción instrumental tortuosa y cro­mática, no carece de eficacia. Tiene un mo­tivo personal, delicado y dolorido, que lo caracteriza. Débiles resultan Lucrezia y Lo­redano. El Consejo es representado por un motivo, la introducción, grave y duro, muy expresivo. Por regla general los recitativos son mejor que los de Hernani (v.). En to­tal la ópera, que revela la vinculación del artistas al momento byroniano, es im­portante por su intensidad dramática.

A. Della Corte

*       Una ópera Dos Fosean (1863) compuso también Max Zeuger (1837-1911).