Las dos doncellas, Miguel de Cervantes Saavedra

«Novela ejem­plar» del gran escritor español, publicada en 1613. A uno de los mesones del lu­gar de Castilblanco llega, al anochecer, un apuesto caballero, solicitando albergue. La huéspeda le dice que en toda la casa sólo hay un aposento disponible, pero que en él hay dos camas, y que si llega algún otro huésped deberá compartir con él la habita­ción. El caballero le paga un ducado de oro por las dos camas con la condición de que le permita estar solo. A poco llega otro ca­ballero, y al enterarse de la presencia del misterioso personaje que le había precedido, soborna al ama para que le albergue en el mismo aposento.

Valiéndose del alguacil, consiguen que el caballero abra la puerta y pueda alojarse en él. Durante la noche prorrumpe aquél en lastimosas quejas y razones. A ruegos del caballero recién lle­gado, que le pregunta por la causa de su triste estado, el otro le cuenta’ su historia, empezando por descubrirle su verdadera condición: no es varón —a pesar de que su indumentaria así parezca indicarlo —, sino una doncella de un lugar de Andalu­cía, hija de noble familia, que ha huido de su casa. La causa de su huida no es otra sino la de ir en busca de Marco Antonio — enamorado suyo y amigo de su herma­no—, a quien se había entregado bajo pa­labra de casamiento. (Mientras habla ad­vierte al caballero que en sus manos sos­tiene una espada y que se abstenga, al saber que es una mujer, de intentar algo). Tras haberla gozado — continúa explicando la doncella— y haberle entregado una sortija con una inscripción que dice «Es Marco Antonio esposo de Teodosia», desapareció del lugar.

A la mañana siguiente, con la luz del día, la doncella — que tiene por nombre Teodosia — reconoce en el caba­llero de la noche anterior a su hermano Rafael. Los dos hermanos se ponen en ca­mino hacia Barcelona, ciudad a la que se ha dirigido Marco Antonio con el fin de embarcar para Italia. Poco antes de entrar en Barcelona, los viajeros se encuentran con un grupo que ha sido despojado por los bandoleros. Entre ellos había un joven que atrajo inmediatamente la atención de los hermanos. Rafael y Teodosia prestan auxi­lio al mancebo y éste les dice que es de un lugar de Andalucía y que se ‘dirige a Italia. El doncel continúa su viaje con los dos hermanos. Teodosia, que sigue vistiendo su traje masculino y que se hace llamar Teo­doro, entra en lá sospecha de que el man­cebo es, como ella, una doncella y le fuer­za a confesar su condición —manteniendo oculta la suya—: dice, ésta, llamarse Leoca­dia y va a su vez en perseguimiento de Marco Antonio, que también a ella la había dado palabra de casamiento — pero sola­mente en forma de promesa y sin que ella se le hubiera entregado, como Teodosia.

Entre tanto, llegan los viajeros a Barcelona de la que Cervantes hace un cálido elogio: «Admiróles el hermoso sitio de la ciudad, y la estimaron por flor de las bellas ciu­dades del mundo, honra de España, temor y espanto de los circunvecinos y apartados enemigos, regalo y delicia de sus morado­res, amparo de los extranjeros, escuela de la caballería, ejemplo de lealtad y satisfac­ción de iodo aquello que de una grande, famosa, rica y bien fundada ciudad puede pedir un discreto y curioso deseo». A su llegada les sorprende el alboroto de la gen­te de las galeras que se ha sublevado, y tras haberle reconocido en medio de la pelea, acuden ellos en ayuda de Marco Antonio. Los viajeros, junto con Marco Antonio, que ha resultado herido, son acogidos en casa de un caballero catalán de la familia de los Cardona. Leocadia reclama sus derechos a Marco Antonio, pero él afirma que éstos sólo los tiene una única mujer, con quien él está comprometido, y que es Teodosia.

Ésta se descubre y es reconocida por Marco Antonio. Leocadia, por su parte, acepta el ofrecimiento que le hace Rafael de convertirla en su esposa. Una vez curado Marco Antonio, las dos parejas emprenden el re­greso a su lugar. Pero antes de llegar tro­piezan con tres caballeros que se están desafiando, y que no son otros que los padres de Teodosia y de Leocadia que han retado al padre de Marco Antonio. Des­hechos los equívocos, vuelven todos con paz y alegría a sus hogares. Las dos doncellas es obra de los primeros tiempos de Cervan­tes y en ella se advierte una clara influen­cia de la novela italiana, especialmente por lo que se refiere al tema de la doncella disfrazada de varón que va en busca de su amante. El mismo tema lo hallamos en la Diana (v.) de Montemayor y en obras tea­trales de Lope, Tirso y Mira de Amescua. El argumento de Las dos doncellas tiene cierta relación con el episodio de Fernan­do y Dorotea del Quijote (v.); y el de los bandoleros recuerda el de Hoque Guinart.

A. Comas