Los días del sol y del trigo, Alfredo Panzini

[I giorni del solé e del grano]. Obra de (1863-1939), editada en 1929. Se reanuda en ella, un poco a la ma­nera de la Linterna de Diógenes (v.) y del Viaje de un pobre literato (v.), pero con mucha menos intensidad lírica, el motivo de la vida sencilla, del mundo campesino que, siempre presente en Panzini como par­te esencial de sus geórgicas, durante la postguerra había ido transformándose en po­lémica o en amaneramiento, hasta culminar en el acto de acusación, entre humorístico y dolorido, de El amo soy yo (v.).

Aquí, en esta especie de temario agrícola moral, de novísimos aunque maliciosos «trabajos y días», aquel motivo es desarrollado con ánimo sosegado y con un sentido más rea­lista de aquel mundo, propio de quien, en adelante, además de contemplarlo con nos­talgia o a través de la literatura, lo conoce a través de una constante experiencia. Pan­zini, en aquel feliz pueblo de Bellaria (Romaña), donde tantos años pasó, en una casita de alquiler, sus vacaciones de «pro­fesor», ahora tiene también su casa propia, su tierra.

Y allí pasa sus días mejores, aten­diendo a su finca y conversando socráti­camente con la gente humilde y, sobre todo, con su aparcero Finotti, cuya «filo­sofía natural», aun cuando parezca burlarse o negar su mundo humanístico, acaba por reconciliarse con él en virtud de su antigua prudencia. Las escenas de la trilla y otros acontecimientos campestres, las abundan­tes imágenes de animales, y especialmente el retrato del «inmortal» Finotti, son los pa­sajes más bellos del libro, y figuran entre los más serenos de Panzini.

A. Bocelli