Las Criaturas de Prometeo, Ludwig van Beethoven

En la esfera musical, con el nombre Pro­meteo se suele designar comúnmente la obertura op. 43 del «ballet heroico alegórico» Las criaturas de Prometeo [Die Geschöpfe des Prometheus], que Ludwig van Beetho­ven (1770-1827) compuso en 1880, a petición del coreógrafo italiano Salvatore Viganò (1769-1821).

La primera representación tuvo lugar en Viena el año 1801. El texto del ballet ha desaparecido, y su acción nos es conocida por medio de las informaciones de la época. La obra había de celebrar a Pro­meteo como bienhechor de la humanidad por medio de la conciencia y de las artes que fue uno de los temas preferidos por Beet­hoven, quien tenía una altísima concep­ción de la misión social del arte y estaba penetrado de un ardiente y profundo amor hacia el género humano« El argumento debía de poner en escena dos estatuas, que, por la potencia de la armonía, se animaban poco a poco y se hacían partícipes de todas las pasiones humanas. Prometeo las conduce al Parnaso, donde Apolo pone su instrucción en todo género de músicas, artes y danzas al cuidado de Amfion, Arión, Orfeo, Melpò­mene, Talía, Terpsícore, Pan y Baco.

La partitura de Beethoven comprende, además de la obertura seguida de una introducción, 16 números, independientes unos de otros y correspondientes a otros tantos cuadros coreográficos. La obertura es, de todos, el único número que ha quedado en repertorio, y es verdaderamente una vigorosa y ceñida composición bien cerrada dentro del acos­tumbrado esquema formal, animada de gran vivacidad y riqueza de contrastes. El pri­mer tema (y principal) es un largo trozo que ejecutan los violines en do mayor, que recorre toda la composición con su tra­ma apretada y con su paso enérgico y rapidísimo. La orquesta es la misma de la Sinfonía n.° 1 (v.), con la cual esta obertura ofrece claras semejanzas. La intro­ducción, que describe una tempestad duran­te la cual Prometeo escapa a los rayos de Júpiter, y los 16 números que siguen, han desaparecido prácticamente del patrimonio de nuestros conocimientos musicales, aun­que contienen notables bellezas.

Y no es siempre fácil darnos cuenta de las situacio­nes escénicas a las que debían de corres­ponder; para algunas nos ayudan ciertas anotaciones hechas por el propio Beethoven en la partitura y sacadas con toda seguridad del argumento del ballet de Viganò. Sólo el final ocupa un alto lugar en la literatura beethoviana, porque en él aparece, proba­blemente por primera vez, el tema heroico sobre el que se elevará la gloriosa cons­trucción del final de la Sinfonía n.° 3 (Heroica) (v.). Es discutida la prioridad de las Contradanzas para dos violines y vio­loncelo, publicadas en 1802, que fueron compuestas tal vez, por lo menos en parte, anteriormente. Después el mismo tema fue tratado por Beethoven en las Variaciones y fuga op. 35 (v.), también éstas de 1802. El ballet de Viganò fue estrenado en el Scala de Milán en. 1813; a aquella velada milanesa se refieren algunas alusiones de Cario Porta en su poemita Olter disgrazi de Giovannin Bongee. 

M. Mila

En Beethoven la inspiración se amplifica gradualmente y por fin se absorbe en las oleadas poderosas de un arte absolutamente individual, de un alcance puramente hu­mano. (Dúkas)

Beethoven es a un mismo tiempo el hom­bre del pasado y el hombre del porvenir; por una parte se relaciona con el espíritu del «anden régime» y con el de la Revolu­ción; por otra es menester ver en él al héroe que abrió e iluminó todos los cami­nos recorridos por los músicos modernos. (Combarieu)