La Tierra que Muere; René Bazin

[La terre qui meurt]. Novela del escritor francés René Bazin (1853-1932), publicada en 1899. Es la historia de una familia de arrendadores, los Lumineau, que desde hace siglos viven en los «marais» de la Vendée, de los cua­les, al comienzo de la novela, están a punto de ser echados.

Los años malos les han im­pedido pagar las fuertes sumas que los due­ños, también arruinados, les exigen. Así la familia se disgrega; el primogénito Mathurin, enfermo, incapaz de trabajar en los campos y dirigir la hacienda en lugar de su padre, se siente amargado por el rencor y los celos; Francisco, perezoso y desamo­rado de la tierra, atraído por el espejismo de la ciudad, va a establecerse en ella con Eleonora, y Andrés, de regreso del servicio militar, desilusionado al no hallar allí a su predilecto Francisco y por la fatal decaden­cia de aquellas tierras, previendo que pasa­rán a manos de otros, decide emigrar a América. Al viejo Lumineau, abatido por tantos dolores, pero todavía decidido a lu­char por la tierra, en la cual está arraigado, le queda, única esperanza de salvación, Roussille, dulce y fuerte muchacha. Ha ofrecido ya sus ahorros a su padre, y ahora está dispuesta a sacrificarle hasta su amor, para vivir siempre junto a él: pero Lumineau quiere un sucesor para su «Fromentiére», y favorece el matrimonio de Roussille con Jean Nesmy.

Mathurin, que ve en su cuñado un usurpador de sus derechos, en un ímpetu de inspiración salvaje se dirige en barca por los canales del «marais» a la casa de la que, antes de su enfermedad, había sido su novia. Pero en medio de la noche invernal, bajo el torrente de la lluvia le ataca la cri­sis más violenta de su mal, y muere: después de lúgubre y afanosa busca lo encuen­tra su padre y lleva piadosamente el cadá­ver a la casa ya desierta. En la Tierra que muere, Bazin, como en los Oberlé (v.), de­fiende sus ideales más queridos, el espíritu tradicional, religioso y conservador, y agita la cuestión de la propiedad amenazada. La novela es sobria y patética; su arte, sin su­frir por ello, está al servicio del sentimiento verdadero y profundo. La historia de las estaciones del año se adapta a las de las almas, y está narrada con el lirismo amplio y sosegado, propio de este autor.

M. Zini