La Señorita Felicitas o la Felicidad, Guido Gozzano

[La signorina Felicita ovvero la Felicita]. Poema de Guido Gozzano (1883- 1916), incluido en los Coloquios (v.), de 1911.  Un año antes de que se publicase en la «Nuova Antología», del 16 de marzo de 1909, aquel poemita ya estaba definido en la figura de la protagonista, a la cual sólo se le cambió el nombre, Doméstica. «Un idilio — es el poeta quien habla — que viví hace dos veranos y que resucité en ver­so el verano pasado, con amor y gran esfuerzo». (Pero ya en el periódico «II Viandante», con fecha de 1907, había sido impreso el poemita «La hipótesis» [«L’ipotesi»] que puede ser mirado como un pre­ludio a la Signorina Felicita: «el cándido nombre que un día me placerá celebrar en poema, / el fresco nombre inocente que como arroyo que corre: / ¡Felicitas! ¡Oh! ¡Verdaderamente Felicitas!… ¡Felicidad!…»).

La Signorina Felicita gustó en seguida, tam­bién, en virtud de aquella involuntaria po­lémica que su ideal modesto y casero pa­recía sostener contra el dannunziano: las damas prerrafaelísticamente ataviadas de­bían de parecer ridiculas en comparación con la ingenua sencillez de aquellas seño­ritas campesinas nuevas en la poesía. Hoy ese blando idilio burgués, en versos tan hábilmente ambiguos de sonido, nos parece un difuso desenvolvimiento del sentir que se mece entre dos extremos bien conocidos: la ironía sentimental y literaria y la en­ternecida curiosidad de un mundo serena­mente opaco y soñoliento, que ya había producido La amiga de abuela Esperanza (v.). Y decimos curiosidad más que amor, porque no hay nunca en Gozzano un fran­co abandono, una conversión resuelta a los ideales que dice preferir. Escribía Ada Negri cuando se publicó este poemita: «El grito enamorado de G. Carducci ‘¡mejor era casarme contigo, rubia María!’, conti­núa atenuado y casi convertido en pueril en los cuartetos idílicos de Guido Gozzano».

Pero en Gozzano la ironía siempre cauta corroe y anula el impulso sentimental: en él es potencial el amor a la cosa y sola­mente real cierto escepticismo velado de condescendencia suspirante, que sin em­bargo, por una gracia que tiene mesura clá­sica y una música que se adhiere a la ín­tima y resignada emoción, crea su encan­to, algo amanerado ya, pero con desinterés emocionado y nítida imaginación.

F. Pastonchi

… pequeño mundo, mundo en gris, de provincia no muy lejana y de pasado no todavía antiguo con sus buenas cosas de pésimo gusto… la suya es sobre todo obra de un «virtuoso» hábil y sutil en sus efec­tos verbales… Él es un hombre que saborea el placer de un vocablo… Esta sensibilidad de «virtuoso» es lo que le ha permitido aplicar con efecto tan nuevo su manera. (Serra)

La que había de ser la «solución» poética propia de Gozzano, no se activó sino en condiciones particularísimas. Era menester que la aludida rica «humanidad» se redu­jese a la sola disposición nostálgica, aunque muy atenuada por la ironía; además, que su efusión lírica cediese totalmente a la representación figurativa. Esto es como ci­tar L’amica de nonna Speranza y, a pesar de sus defectos derivados de su desarrollo demasiado amplio, la Signorina Felicita. (A. Gargiulo)

Irrealidad y sueño crean, en tanto la rea­lidad viva del arte, una música sagaz, en­tre amanerada y humana, a la cual una ala de sutil ironía hace realizar curiosos en­sueños nostálgicos. (F. Flora)