Es la gran novela del escritor Leopoldo Alas (1842-1901), conocido también por el pseudónimo de Clarín,, con que firmaba sus libros de crítica; dividida en dos tomos, el primero apareció en el año 1884 y el segundo al año siguiente.
La obra narra la vida de Ana Ozores, «la Regenta», movida siempre por un continuo juego de ilusión y desilusión, lanzada en busca de algo superior que llene su vida. La acción discurre en el marco de Vetusta, nombre bajo el cual oculta el autor a Oviedo, que convierte en segundo protagonista de la novela; sus calles, sus barrios, todos sus habitantes, con sus pasiones y rencillas van animando las páginas de la obra y creando un espíritu de la ciudad, dominio de la envidia y la ignorancia. Dentro de ese mundo, Ana Ozores se encuentra descentrada ya desde sus primeros años por ser hija de un militar librepensador y una bailarina italiana. Su matrimonio con el regente de la Audiencia, don Víctor Quintanar, hará que sea aceptada por la mejor sociedad vetustense, pero su hermosura, su delicadeza, su superioridad, la convierten en víctima de la envidia de esa misma sociedad.
Ana es, dentro del ambiente en que se mueve, un ser diferente; en él no puede satisfacer ninguna de sus aspiraciones, ni tampoco definirlas por falta de una formación; por eso su desasosiego se concreta en un vago deseo de huida de ese mundo positivista y a la vez dominado por moribundas tradiciones, en el cual aparece como una romántica rezagada: «Vivir en Vetusta la vida ordinaria de los demás era encerrarse en un cuarto estrecho con un brasero: era el suicidio por asfixia»; su única posibilidad estriba en ahondar en sí misma y soñar; para ello necesita definir ese vago anhelo, y de ahí que busque apoyo en el círculo de los que la rodean, principalmente en los tres hombres a que se siente unida por motivos muy diferentes: su esposo, don Víctor Quintanar; el magistral, don Fermín de Pas, y el joven y elegante jefe del partido liberal, don Alvaro de Mesía. En el interior de este triángulo masculino se desarrolla con toda su complejidad la lucha callada, sorda, de la protagonista, que intenta hallar en cada uno de ellos su camino de salvación y acaba en un total fracaso. Su esposo, del que la separa la edad y el espíritu, es para ella «como un padre», tal es la única fuerza sentimental que los une; el antiguo regente vive sólo para sus inventos, el teatro clásico, la caza y las discusiones con Frígilig; un muro de incomprensión le impide ayudar a su esposa.
Ana, empujada por su inquieta imaginación, se siente atraída por dos llamadas distintas y opuestas: la de la exaltación mística y la de los ignorados deleites de la proximidad amorosa. La primera parece vencer y hace que la otra sea considerada por la conciencia de la protagonista como un gran peligro del que hay que huir. La religiosidad de «la Regenta» se convierte en una morbosa enfermedad fomentada por don Fermín de Pas, el hombre fuerte de Vetusta, poderoso dibujo que recuerda las grandes creaciones de Stendhal. La amistad que une al magistral y a Ana acabará transformándose en el primero, que en un principio intentará en vano engañarse, en una fuerte y sacrílega pasión amorosa. Ana, horrorizada por tal descubrimiento, se aproxima, con toda la fuerza de la nueva vida que se abre ante ella, a don Alvaro de Mesía, que llevaba mucho tiempo realizando una lenta labor para vencer la castidad de «la Regenta», utilizando para ello toda clase de recursos. La caída de Ana es favorecida inconscientemente por el propio don Víctor, que ha hecho de Alvaro su amigo fiel, convirtiéndolo en el confidente de su vida privada.
El adulterio es descubierto por el esposo gracias a Petra, la joven criada de la casa, que hace a la vez de encubridora de los amantes y de espía de don Fermín. Una mañana que Quintanar tenía que salir de caza, Petra adelanta el despertador; ello le permite descubrir a don Alvaro cuando abandona la casa. Don Víctor, instigado por las palabras del magistral, que aparentemente le aconseja lo contrario, reta a Mesía, que, contra todo pronóstico, da muerte al ofendido esposo. Las mismas gentes que deseaban e incluso colaboraron en la caída de «la Regenta», ahora se apartan de ella y la aíslan con su desdén; sólo Frígilis, el fiel amigo de su esposo, y el joven doctor quedan a su lado. El núcleo de la novela lo forma el conflicto entre un ser de sensibilidad aguda y la sociedad española de finales de siglo; de él se sirve el autor para denunciar el mundo social en que vive, para lo cual hace de Ana no una heroína, sino un ser vulgar movido por algo inconsciente que le hace diferente de los demás, pero que no se coloca nunca por encima de ellos ni los juzga.
La obra está distribuida en una serie de cuadres que recuerdan las descripciones costumbristas: la catedral, el paseo, el teatro, la procesión…; el movimiento narrativo que los une es de una técnica modernísima, dominando sobre todo los saltos hacia atrás. Aunque siguiendo la escuela naturalista, de la cual es esta novela el máximo exponente en España, todo el mundo de Vetusta nos llega a través de una visión en cierta manera humorística; de los personajes sólo se salvan de este tratamiento la protagonista y los dos rivales: don Fermín y don Alvaro.
S. Beser
Tengo la satisfacción de haber terminado a los treinta y tres años una obra de arte. (Clarín)
Clarín es, sencillamente, el primer literato español de su siglo. (Azorín)

