[La porte étroite]. Novela de André Gide (1869-1951), publicada en 1909. Es una narración suavemente tranquila y sufrida, casi como una confesión del joven protagonista, Jérôme.
Después de la muerte de su padre, el muchacho crece en la afectuosa tutela de su madre y de una antigua amiga de la familia, vinculado por una delicada intimidad con dos primas, las hijas del tío Bucolin, y un amor precoz se despierta en él por Alice, la mayor. El cerrado ambiente familiar, austeramente puritano, se transforma con la escandalosa desaparición de la mujer del tío. Alice es la que se resiente de ello más que nadie, y desde entonces su sentimiento religioso se distingue por una particular intensidad; su alma tiende a evadirse hacia una espiritualidad cada vez más alejada del mundo, a una atmósfera enrarecida en la que el enamorado Jérôme la sigue con entusiasmo, aunque no sin una sombra de angustiosa inquietud.
A pesar de que también ella ama a su primo con toda el alma, acompañándole en sus estudios y estando junto a él en todo momento de su vida, Jérôme advierte con una silenciosa pena que la joven parece rehusar la felicidad de unirse a él. La intervención del amigo de infancia Abel (el hijo del pastor protestante Vautier) que incita al joven para que arranque a Alice una clara decisión, provoca una crisis penosa; Abel cree que la hermana menor de Alice, Juliette, le quiere, mientras aquélla se muestra, a su vez, enamorada de Jérôme. Alice aprovecha este pretexto para sacrificarse, pero más tarde, cuando Juliette, curada y resignada, llega a ser la buena esposa de un viticultor y feliz madre de familia, Alice resiste a su pasión: se encierra en un estado de ánimo, en el que declara sentirse tan espiritualmente cerca de su amado como para poder renunciar a su presencia física.
Jérôme intuye su sacrificio y se desespera; pero también él se crió en las mismas ideas y no tiene la fuerza para alejarla del camino que ha emprendido, en el cual Alice, destruida por su íntima tragedia, encuentra la muerte. Sus cartas y algunas páginas de su diario que el joven encuentra hablan de su inmensa pena: «¡Señor! Avanzar hacia vos, Jérôme y yo, uno con otro, uno para otro, andar a lo largo de la vida como dos romeros que de vez en cuando se digan: —Apóyate en mí, hermano, si estás cansado — y contesten: — Me basta con sentirte cerca de mí… ¡Pero no! El camino que nos indicáis, Señor, es un camino estrecho : tan estrecho que no podemos ir uno cerca del otro». Es fácil sacar de este cuento una condena contra los inhumanos extremismos de la moral puritana.
Sin embargo, Gide escritor evita tomar aquí una posición: respeta esta «evasión hacia lo sublime», aunque subrayando su inhumana crueldad; y no hay que olvidar que el drama juega sobre la patética indecisión de Jérôme, tan incapaz de igualar a Alice en su difícil virtud como de atraerla hacia sí en otro orden de ideas: el mismo, por ejemplo, en el que entró en cambio triunfal y audazmente su amigo Abel, el precoz autor de las escandalosas «Privautées». Como se comprende por lo que Gide escribió en sus memorias (v. Si la simiente no muere) la materia de la novela es ampliamente autobiográfica: el autor encontró todas las premisas de este drama imaginario en el clima doméstico de su propia mocedad, analizando y evocando sus motivos con mano ágil y austera objetividad, renunciando a todo juicio, y limitándose a poner de relieve el valor ideal y la sencilla humanidad del tema.
M. Bonfantini

