Poema dramático en ocho escenas de Sergej Esenin (1895-1925), publicado en 1921. Esenin es considerado como el jefe de la escuela imaginista, en contraposición al futurismo y a la tradición simbolista rusa.
Campesino, fue el poeta de los campesinos y de los campos y en Pugačëv quiso exaltar la rebelión del mújik contra el latifundista. En el siglo XVII, en los tiempos de Catalina, el cosaco Emel’jan Pugačëv subleva a las gentes del Volga. Ha preparado el levantamiento y ha convenido con sus compañeros que todos lo reconozcan como el difunto zar, Pedro, que Catalina hizo matar. Entretanto, cansados de la tiranía de los funcionarios, los calmucos huyen hacia Asia y se unen a los rebeldes de Pugačëv. La rebelión arrecia, las cabezas de los terratenientes cuelgan de las ramas de los árboles, de las puertas, de las puntas de las picas; más tarde las fuerzas regulares llegan a dominar la situación, y los compañeros del falso zar, para salvarse ellos mismos, entregan su jefe al enemigo. Él no cree que su «pueblo» pueda traicionarle; luego recuerda su juventud y el perfume de los campos.
«¡Dios mío!/¿Ya llegó mi hora?/¿Bajo el peso del alma como bajo una carga has de caer?/Y aún ayer… ayer parecía… queridos compañeros, compañeros queridos…»
Así termina el poema. Pugacév sueña, como Esenin, con un paraíso del campesino; está cerca de nosotros, habla y piensa como un imaginista; se parece a Esenin tanto por su desenfrenada sed de orgías y violencia, como por su deseo de una pacífica labor agrícola. El desilusionado Esenin dirige una última mirada al pasado: él es el nuevo Pugačëv, el campesino que llegado a la ciudad creyendo encontrar en ella unos compañeros, se siente traicionado por éstos y por la misma revolución; y al cabo de pocos años acabará suicidándose.
G. Kraisky

