La Princesa Maleine, Maurice Maeterlinck

[La Princesse Maleine]. Drama en cinco actos del escritor belga Maurice Maeterlinck (1862-1949), pu­blicado en 1889; es el primer drama simbo­lista del autor, y fue saludado con entu­siasmo por Octave Mirbeau, quien recordó a Shakespeare por tal motivo.

Estamos en una época imprecisa y en un pueblo de Flandes. Se celebra una fiesta en el castillo del rey Marcelo por los desposorios de su hija, la princesa Maleine, con el príncipe Hjalmar, hijo del rey de Holanda. La noche es tempestuosa y siniestros presagios turban los festejos, que, en efecto, acaban con una disputa entre los dos reyes. Se rompe el noviazgo, y el padre del novio, abando­nando el castillo, lanza terribles amenazas. Estalla la guerra entre los dos países, son muertos los padres de Maleine, el castillo incendiado y la ciudad destruida por com­pleto; la única superviviente de tanto es­trago es Maleine, quien, con su anciana nodriza, había sido encerrada por su padre en una torre, por no querer renunciar a su novio.

Los dos jóvenes se buscan y se encontrarán a pesar de todos los obstáculos que trata de poner entre ellos la malvada reina Ana, amante del padre de Hjalmar, que quiere casar a su hija Uglyana con el príncipe; éste, por debilidad, aceptó a la nueva esposa, pero Maleine, ayudada por *su nodriza, consigue introducirse en el castillo como doncella de Uglyana, y con un subterfugio acude a la cita que Hjalmar había dado a su novia en el parque del castillo. Otros presagios de muerte turban a los dos enamorados: la reina Ana, simu­lando acoger a Maleine como a una hija sin oponerse a su boda con Hjalmar, le va suministrando un lento veneno. El anciano rey quisiera oponerse, pero aconsejado por la bella reina deja que se cumpla el crimen que ni la vigilante nodriza ni el débil y enamorado Hjalmar consiguen evitar.

La fatalidad ha de cumplirse: la reina, con la complicidad del anciano rey, estrangula a la pobre jovencita; Hjalmar, para vengarse, apuñala a la reina Ana y se suicida; el rey pierde la razón. Es un típico drama maeterlinckiano con personajes alucinados que vagan como sombras en una atmósfera misteriosa. El amor y la muerte son sus factores principales, invisibles y sin em­bargo presentes, la misma naturaleza se hace cómplice de los acontecimientos, mientras el alma de las cosas se agita inútil­mente en la imposibilidad de cambiar la suerte predestinada. La dulce figura de la princesa Maleine es una de las más suaves y emocionantes entre las brotadas de la fantasía de este imaginativo escritor, que, para poner de relieve la debilidad del ser humano frente a las fuerzas oscuras que le combaten, opone a las mismas las criatu­ras más débiles: jovencitos, mujeres, ancia­nos o enfermos.

El mismo Hjalmar es un débil que se rebela solamente frente al hecho consumado, y que no supo salvar del mal a la dulce víctima. Domina aquí ese pesimismo de la primera manera de Maeter­linck, que solamente más tarde descubrirá nuevas razones de vida y esperanza. Este autor logró el Premio Nobel en 1911.

L. Giacometti

Maeterlinck y los decadentes pueden pre­sumir de agudeza de ingenio, pero no tie­nen que enfadarse si decimos que son limi­tados. (Chesterton)