[L’Oeuvre]. Novela de Émile Zola (1840-1902), publicada en 1886. Forma parte del gran ciclo naturalista de los Rougon-Macquart (v.) por cuanto el héroe del libro, el pintor Claudio Lantier, es hijo de Gervasia de La Taberna (v.), pero parece distinguirse de la fría y analítica historia de «una familia bajo el Segundo Imperio», por un mayor abandono a la narración, fuera de toda idea polémica.
Claudio, por sus mismas taras hereditarias (pues es hijo de Gervasia, v., y un alcoholizado), se siente inútilmente inspirado para crear una obra maestra; algo más fuerte que él se opone a la realización de su sueño.
Una noche, al volver a su casa durante una tormenta, encuentra a una muchacha asustada y perdida; la lleva a su estudio y la acoge en él. La simpatía y más tarde el amor brotan entre ambos jóvenes, sobre todo debido a la admiración que Cristina siente por el anhelo del artista de pintar un cuadro que exprese a todos su profunda visión de la vida.
Claudio habla también de sus proyectos entre sus compañeros y amigos; entre todos ellos, un novelista, Sandoz, comprende y aprecia sus nobles intenciones. El cuadro que habría de representar a la Mujer, se convierte así en la pesadilla de la vida de Claudio; por ello Cristina, primero como modelo y luego como amante, se ofrece a sí misma para purificar y universalizar su sueño de belleza.
Pero Claudio se vuelve cada vez más sombrío y atormentado, y llega incluso a intentar destruir el cuadro, rascando con un cuchillo la faz de la simbólica figura. En vano Cristina, devota y fiel, le ofrece la gracia de su vida: la «obra», la que dirá a los continuadores el deseo de un creador, sigue siendo irrealizable.
Pasan los años, las dificultades y la pobreza hacen más doloroso aquel declive de las facultades creadoras; hasta que, tras turbaciones y alucinaciones, Claudio acaba ahorcándose ante su cuadro, al fin de una apasionada noche de amor. A la mañana siguiente Cristina le encuentra muerto, y la desgraciada perece de congestión cerebral.
El libro termina con los funerales del artista: Sandoz, el escritor honrado y trabajador, que refleja el carácter de Zola, activo y tenaz, según la concepción del propio deber social, advierte que su pobre amigo muerto luchaba por el mejor sueño que pueda tener un hombre — la obra—, y se dirige juiciosamente a su trabajo cotidiano.
La novela tiene páginas vigorosas, especialmente en la representación de los ambientes artísticos, con su vida sincera y su ingenuidad ante el mundo. Cristina está concebida, como una delicada figura de mujer, que colabora con el artista y le proporciona el sol de sus únicas alegrías en la vida. El libro es de los menos famosos, pero más orgánicos y sinceros del escritor francés. [Trad. española por Ediciones Maucci (Barcelona, s. f.)].
C. Cordié

