Oblomov, Goncharov

Novela de Goncharov (Ivan Alexandrovic Goncarov, 1812-1891), publi­cada en 1858, pero ya en parte conocida unos dos lustros antes. La trama es muy sencilla: Oblomov, un propietario provinciano que vive en San Petersburgo, se ha entregado a la holganza.

Su amigo de in­fancia Stolz, hijo de un alemán emigrado a Rusia, intenta levantarle de este estado y lo presenta a una familia amiga donde hay uña jovencita, Olga, de la cual Oblomov se enamora. También Olga, a la que ya las palabras de Stolz habían hecho interesarse por Oblomov, y cuyo interés ha aumentado al conocerle, se enamora de él o cree estar enamorada.

El idilio parece salvar a Oblo­mov de su terrible propensión a la apatía y al ocio, pero no es más que una ilusión, pues recae en su mal y en vez de casarse con Olga lo hace con la criada de su casa. Olga a su vez se convierte en la esposa de Stolz.

Oblomov es uno de los monumentos de la literatura rusa del siglo XIX, no sólo por la admirable pintura del ambiente (es famosísimo el episodio conocido por el nombre de «Sueño de Oblomov», evocación de la vida patriarcal de la provincia rusa) y de los tipos (perfecto el de Oblomov, menos logrado el de Stolz), sino también porque es un documento excepcional de la influencia que la servidumbre de la gleba ejerció sobre el alma rusa de la época an­terior a las reformas (1861).

Este último aspecto de la novela fue examinado por el crítico Dobroljubov en un estudio que se ha hecho famoso: ¿Qué es el oblomovismo? [cto takoe oblomovscina?]. Otro punto de vista, más universal, ha sido señalado por Merejkovski, según el cual Oblomov revela el pensamiento de Goncharov, de que en el triunfo de la vulgaridad sobre la pureza de corazón, sobre el amor y sobre los idea­les, radica la tragedia fundamental de la vida. [Trad. de Tatiana Eneo de Valero en «Colección Universal», de Espasa Calpe (Madrid, 1924)].

E. Lo Gatto

En general, Oblomov me ha producido el efecto que producen los viejecitos charla­tanes tan apreciados por las señoras: me ha atacado los nervios. (Saltykov-Scedrin)

Es una novela perfecta, aislada y jugosa como una fruta. (R. Poggioli)