La Casa de los Siete Altillos, Nathaniel Hawthorne

[The House of the seven Gables]. Novela del escritor norteamericano Nathaniel Hawthorne (1804-1864), publicada en 1852. En una ciudad de Nueva Inglaterra existe una vieja casa de madera de siete altillos. Un aura de tragedia la rodea. Se dice que el terreno en el que se levanta perteneció en un tiempo a un humilde labriego, Matthew Maulé, quien, por negarse obstinadamente a cederlo al juez Pyncheon, puritano, codicio­so y cruel, fue ajusticiado por hechicero. El mismo día de la inauguración de la casa, construida sobre el terreno robado, el juez muere de un ataque de apoplejía. Sin em­bargo, los Pyncheon continúan viviendo en la casa cerca de dos siglos, hasta que un se­gundo Pyncheon muere en las mismas cir­cunstancias que el primero; y un sobrino suyo comete un delito y acusa de él a su primo Clifford, legítimo heredero, y se apo­dera del patrimonio familiar. El inocente es encarcelado, y el culpable, juez también como su antepasado, consigue honores y ri­queza y se construye un fastuoso palacio, dejando la antigua casa a la hermana del infeliz Clifford, la vieja Hepzibah. Cerca de treinta años después de la tragedia, Phoebe, una joven parienta de Pyncheon, va a establecerse en la vieja casa con Hepzibah, cuan­do, libertado al fin, regresa también Clif­ford, el cual, después de la larga prisión que ha quebrado sus deseos de vivir, se siente renacer junto a la serena y sonriente muchacha.

Los tres — a los cuales se unen a menudo el tío Venner, considerado por todos como un viejo estúpido, y Holgrave, fotógrafo daguerrotipista — pasan horas casi felices en la dulce melancolía del jardín. Pero, durante una ausencia de Phoebe, el juez Pyncheon amenaza a su prima Hepzi­bah con hacer encerrar a Clifford por loco si éste no le revela dónde se hallan escon­didos ciertos documentos que justifican los derechos de los Pyncheon sobre grandes te­rrenos. La pobre Hepzibah sostiene inútil­mente que Clifford no sabe nada; el juez insiste, pero sus amenazas se ven brusca­mente interrumpidas por un ataque apoplé­tico que le deja sin vida. Clifford huye de la casa maldita siguiendo a su despavorida hermana. El joven fotógrafo, que es un des­cendiente del hechicero Matthew Maulé, des­cubre el cadáver del juez, y, al regreso de Phoebe, le revela la tragedia y le declara su amor. Clifford y Hepzibah, recuperada su riqueza, abandonan la antigua casa por un ambiente más sereno, mientras Phoebe y Holgrave, realizando su sueño de amor, afir­man el triunfo de la viva realidad frente a los espectros de un pasado muerto. Hawthorne, contemporáneo de Emerson, preocu­pado de captar los problemas de conciencia palpitantes bajo la superficie rígida y formal de la vida puritana, quiere en esta novela iluminar el problema del mal y de su trans­misión hereditaria; pero el intento mora­lista, sensible a veces, sin embargo, no logra turbar la atmósfera entre tormentosa y fan­tástica que constituye el encanto de las no­velas del célebre autor americano.

A. P. Marchesini