Guerra y paz, L. Tolstoi

La obra se inicia con un cuadro de la alta sociedad moscovita en 1805, en vísperas de la guerra contra Napoleón. En me­dio de una multitud de gente de mundo, preocupada por intrigas personales, surgen algunos personajes de alma viva e inquieta: Pierre Bezúchov, apocado y sensible, re­cién llegado del extranjero adonde lo envió para instruirse su padre natural, el viejo príncipe Bezúchov; su ami­go, el príncipe Andréi Bolkonski, sarcástico, orgulloso e inteligente, ya desilusionado de su reciente matrimonio con la infantil Lisa; los jovencísimos muchachos Rostov, a saber, Vera, Nikolai, Petia, y de modo especial la ale­gre, apasionada y tierna Natasha.

Muy distintos de su cir­cunspecta y fría hermana mayor, los tres hermanos pre­fieren a su primita Sonia, que vive con ellos y ama a Nikolai. A la vida moscovita se contrapone la vida campes­tre, que es observada desde la casa de los Bolkonski (Lysye Gory), donde vive en voluntario exilio el viejo y despótico padre de Andréi, el cual ejerce su poder sobre su hija María, dulcísima y profundamente religiosa, así como sobre todos los habitantes de la casa: desde el vie­jo criado Tijón a Mlle. Bourienne, dama de compañía de María, y desde el intendente Alpatych al arquitecto Mijaíl Ivánovich, admitido por capricho a su mesa.

Llega la guerra, perturbando aquel mundo. Los combates se su­ceden, y se dirían inútiles. A Napoleón, que forja planes de acuerdo con la lógica de la guerra, se le opone Kutúzov, el comandante de los ejércitos rusos, que prefiere adoptar su estrategia a los cambios de las circunstancias, pasando por ocasiones, a los ojos de su brillante oficia­lidad, por un débil. Andréi, una vez enrolado, olvida las vicisitudes personales tratando de encontrar un sentido a la tempestad que lo arrastra junto a tantos otros. Pierre, que ha permanecido en Moscú y se ha hecho rico a la muerte del padre, el cual le ha nombrado su heredero uni­versal, ve como el gran mundo le descubre ahora brillan­tes cualidades. El príncipe Vasili Kuraguin, con hábiles intrigas, consigue hacer que se case con su hija Héléne, bellísima, presuntuosa y corrompida.

Tras descubrir las infidelidades de su mujer, Pierre se bate con su rival Dólojov, se separa de Héléne, y cree hallar alivio a la pro­funda inquietud que lo atormenta en la masonería, pro­yectando la emancipación de los siervos. Andréi, herido en Austerlitz, regresa de permiso a Lysye Gory. La mis­ma tarde muere su mujer al dar a luz un niño. El enigma de aquella muerte lo devuelve a una angustiosa insatis­facción, hasta que encuentra en un baile a Natasha, de la que se enamora profundamente. Ella acepta unirse a él, pero la boda se retrasa a causa de la oposición del padre de Andréi. Dicho retraso ofende y perturba a Na­tasha, y mientras Andréi se encuentra de viaje, se deja se­ducir por el vanidoso y apuesto Anatoli Kuraguin, her­mano de Héléne.

Frustrado el plan de ser raptada por él gracias a la intervención de una enérgica tía, María Dmítrevna, y roto el noviazgo con Andréi, Natasha está como apagada. Andréi, gravemente herido en Borodinó, reco­nocerá en la enfermería a Anatoli, al que le acaban de amputar una pierna. Depone en ese momento todo su rencor hacia él y hacia Natasha, a la que volverá a ver, más tierna, seria y enamorada que antes, mientras es tras­ladado ya moribundo, durante la gran retirada que pre­cede al incendio de Moscú. Andréi muere en paz consigo mismo, asistido por Natasha y por María, que ha huido de Lysye Gory ante el avance de las tropas, tras la muer­te del padre. Viudo después de la muerte misteriosa de Héléne, Pierre se ha quedado en Moscú, con el vago pro­pósito de asesinar a Napoleón.

Hecho prisionero por los franceses, encuentra entre los demás prisioneros al hom­bre que le señala el camino espiritual a seguir: el sonrien­te, paciente y pío soldado campesino Platón Karatáev. La vida de los Rostov ha experimentado cambios: Vera se ha unido a Boris Berg, Petia murió al poco de haberse enrolado y ha llegado a su punto final el idilio entre So­nia y Nikolai. Al término de la guerra Pierre vuelve a ver a Natasha en Moscú: la ama desde hace tiempo, pero va­cila en declararse. Natasha aceptará con alegría tomarlo por esposo.

Finalmente se unen también en matrimonio Nikolai y María, la cual amaba al joven desde que fuera salvada por él de un amotinamiento de campesinos en Lysye Gory durante la guerra. Las nuevas familias son presentadas, en el epílogo, en 1820: los protagonistas han envejecido, Natasha, absorbida por sus obligaciones de madre y de esposa, ha perdido mucha de la fascinación poética de otro tiempo. María y Pierre son los persona­jes espiritualmente más fuertes. Símbolo de las genera­ciones futuras, hace una breve y significativa aparición Nikólenka, el hijo del príncipe Andréi.