Francillon, Alexandre Dumas

Comedia de Alexandre Dumas, hijo (1824-1895) estrenada en 1887. Francine de Riverolles, conocida por Francillon, ama apasionadamente a su marido, el conde Lucien de Riverolles, el cual, des­pués del nacimiento de su primer hijo, ha comenzado a descuidarla. Durante una re­unión nocturna en su propia casa, Francillon cree oír, en una conversación entre algunos amigos de su marido, que Lucien ha reanudado una antigua relación amoro­sa y, al marcharse sus invitados, cuando Lucien pide el coche para ir al baile de la ópera, ella le ruega que la lleve con él. Lucien se niega y Francine, ofendida y lle­na de sospechas, lo sigue sin que él lo sepa. Al día siguiente declara a su marido haberlo visto en la Ópera y haberlo seguido a la «Máison d’Or», conocido punto de re­unión de hombres alegres y mujeres mundanas, donde, mientras Lucien cenaba en alegre compañía, ella ha cenado con un desconocido al que encontró en el baile. Herido por la inesperada revelación, Lucien resuelve abandonar a su mujer; pero con­tra esta decisión se declaran su padre y una dignísima confidente y amiga de Fran­cine, la baronesa Smith, los cuales, aun cuando las investigaciones que Lucien man­da realizar confirman el relato de Francillon, se niegan a creer en su culpabilidad.

La llegada a casa de Riverolles de cierto Pinguet, pasante del notario llamado por Lucien para el arreglo de las cuestiones patrimoniales, complica las cosas, porque Francine reconoce en él al hombre con el que pasó la noche, y el joven, puesto en un aprieto (dado que, ignorándolo todo, no puede reconocer a la señora que cenó con él enmascarada), hace un relato muy discreto, que no obstante deja lugar a sospechas. Solamente la astucia de la baro­nesa de Smith logra sacar a la luz la verdad: cuando confía a su amiga que Pin­guet se ha vanagloriado en términos vulga­res de haber sido el amante de su compa­ñera de una noche, Francine exclama con súbita indignación: « ¡Ha mentido!». Fran­cine no ha faltado a sus deberes, y Lucien, entre tanto, se da cuenta de que la ama más de lo que creía; la reconciliación pone fin a la historia. La comedia es una de las más vivas, brillantes y significativas de Du­mas. Se percibe aquí, en la prolijidad y pesadez de estos elegantes razonadores, todo el clima del París de la segunda mitad del siglo XIX, medio corrompido y medio pa­sional, dirigido por una aristocracia que unía a la evocación de una mundana ga­lantería dieciochesca, el aguijón del caso de conciencia, la austeridad de los proble­mas morales, la introspección más aguda y razonadora. Aunque la trama puede recor­dar la manera de Scribe, Francillon resulta una de las mejores y más originales «comédies de moeurs».

G. G. Severi

Sin estruendo de moral, sin exhibiciones de piedad, es una obra amplia y profunda. (Lanson)