Fosca, Iginio Ugo Tarchetti

Novela de Iginio Ugo Tarchetti (1841-1869), publicada en el diario «II Pungolo», en 1869. La novela, truncada por la inesperada muerte del autor, fue terminada por su amigo Salvador Fariña. Es la histo­ria del morboso amor que un joven oficial, Jorge, de temperamento desequilibrado y convulso, siente hacia Fosca, mujer histérica y deforme que, como defensa o reacción contra la repugnancia que suscita a quienes la tratan, está pronta a amar, «pero de una manera violenta, súbita, extrema», a cuan­to la rodea. Ambos protagonistas son es­píritus enfermos, pero los papeles están in­vertidos: la víctima, el elemento pasivo, es el hombre, que se ve arrastrado por el remolino: «ella me aferró, me abrazó y con un acento de indescriptible deseo, murmuró en mis oídos: sé mío, sé mío. Una niebla obscureció mi inteligencia y no tuve fuer­zas para resistirme. Lo que sucedió después es tan horrible que mi mente lo rehuye despavorida». En este atormentador contacto de cuerpos y de almas, todos los matices morbosos del espíritu y hasta el tono de la voz de Fosca pasan al hombre, y éste sale de su experiencia presa de una profunda melancolía y una desesperación helada y escéptica, de la que por un momento lo saca, hacia el final de la obra, el amor por Clara, una mujer bella y sana.

Aquí enlaza la conclusión escrita por Fariña. En esta novela, que es la de más amplios horizontes entre las de Tarchetti, algún crítico ha que­rido ver uno de los primeros ejemplos ita­lianos de la novela naturalista. En realidad, si no nos dejamos engañar por la crudeza de determinadas páginas, observaremos que a Tarchetti le falta precisamente la cuali­dad principal del escritor naturalista. Efectivamente, en Fosca, igual que en Una noble locura, los dos protagonistas no son más que deformes proyecciones psicológicas del espíritu del autor, variantes psicológi­cas de una única enfermedad. Y el espíritu del autor se siente también en la lucidísima introspección que realizan los dos perso­najes, casi desdoblándose, en una especie de continuo y exasperante tormento; de este modo, los personajes pierden consisten­cia psicológica, y la trama de la narración flota tenue y esquemática sobre la ondu­lante tensión de las páginas. Fosca, a pesar de estar en los umbrales del naturalismo, es un tardío producto de la más caprichosa e irregular literatura romántica.

D. MattalIa