Fortunio, Théophile Gautier

Novela de Théophile Gautier (1811-1872), publicada en 1838. En un con­vite ofrecido por un joven mundano, Jorge, se presenta el misterioso marqués Fortunio, flor de la elegancia parisiense venida de Oriente. Es extraordinariamente bello, y sus inmensas riquezas le prestan el hechizo de una vida llena de aventuras. Se enamo­ra de él Musidora, joven cortesana ya puesta a prueba por la vida, que ella ha pasado entre el lujo y los placeres; ésta es la primera vez que siente una pasión ver­dadera, pero nadie sabe dónde encontrar en París a aquel ser extraño, refinado y singular. En vano durante la baraúnda de la noche pasada en casa de Jorge, que es uno de sus amantes, Musidora se había lle­vado a escondidas la cartera de Fortunio. No halla más que una aguja envenenada y una carta escrita en caracteres desconocidos que un pobre oriental identifica como una ardiente declaración de amor. Después de unos días de desesperada busca, Musi­dora se encuentra con Fortunio y cae bajo el hechizo de una naturaleza demoníaca, mezcla extraña de seducción y delicade­zas. Ella está a punto de suicidarse cuando Fortunio le envía su carroza para invitarla a su palacio, que nadie conoce.

Allí, en medio del esplendor de muebles maravillo­sos y de un lujo inaudito, ella conquista el amor del joven y pone en su pasión su experiencia de cortesana. Pero Fortunio se cansa pronto de la joven porque con su amor le recuerda que ha sido de otros hom­bres; y llega hasta el punto de incendiar la casa de ella para olvidar su pasado. Ha­biendo vuelto a una misteriosa colonia de compatriotas suyos, escondida en el mismo París, Fortunio se enamora de una javane­sa muy joven, y en el candor inocente de ésta intenta olvidar la malicia de Musidora, que en vano se tortura aspirando a una pasión digna. Finalmente, manda anunciar a Musidora que ha sido muerto en desafío, y mientras ella se quita la vida con la aguja envenenada, Fortunio, con cruel indiferen­cia, se prepara a volver a Oriente, cansado de la civilización europea, llena de falsedad y de vana rebusca de belleza. El refinado esteticismo de Gautier es aquí conducido a sus posibilidades extremas, en la artificiosa disposición de las escenas, por los alardes de ingenio y por lo inesperado de los su­cesos. Es notable la continua ironía con que el artista habla de sus personajes y entrelaza reflexiones en los acontecimientos; plenamente romántica es la aspiración a un exotismo fascinador y desenvuelto, que constituye la razón misma de los preciosis­mos del autor.

C. Cordié

*   Con el mismo título, Fortunio, el músico Nicolás Westerhout (1862-1898) compuso una ópera sobre libreto tomado de Gautier; fue estrenada en Milán en 1895.