[Les Fossiles]. Drama en cuatro actos de François de Curel (1854-1928), representado en París en 1892, y publicado con modificaciones en 1900. En el antiguo castillo en las Ardennes, junto a sus padres y a su hermana Clara, languidece, consumido por la tuberculosis, Roberto, el último duque de Chantemelle. Conociendo su próximo fin, confiesa a su madre que tuvo un hijo de sus amores con Elena Vatrin, una muchacha acogida en la casa por caridad, criada junto a Clara, y recientemente alejada del castillo por voluntad de ésta. Clara, en su orgullo y su pureza, ha rehusado revelar las razones de su hostilidad, pero tiene las pruebas del amor entre su padre y su antigua compañera. En realidad, Elena, carácter débil, ha pertenecido a los dos hombres, aunque amó sólo a Roberto, de manera que cada uno de los dos, en su fuero interno, se cree padre del niño. La ira del viejo duque, cuando se entera de lo ocurrido, estalla violentamente; pero pronto se aplaca con un nuevo pensamiento: sea de quien sea aquel hijo del que quería renegar, es un Chantemelle; es, por lo tanto, necesario abrirle las puertas y darle el propio nombre. Ordena, pues, que Roberto y Elena se casen.
Clara se rebela contra esta infamia: pero también ella ’Se inclina ante la voluntad de su padre cuando sabe a qué obedece la orden. Ni siquiera a Roberto se le ahorra el dolor de saber cuál es su parte en el drama de la familia: se lo revelan Clara y su padre, cuando comprenden que Elena reclama de su marido moribundo la independencia para sí misma y para su hijo. Y Roberto, en nombre de su mismo sacrificio, impone al morir su voluntad a todos: sus padres se alejarán, y Clara, víctima voluntaria y, al mismo tiempo, sacerdotisa del culto de los antepasados, vivirá junto a Elena, vinculando su vida a la de la mujer que desprecia, para educar a su hijo de una forma digna de -su nombre. El drama, de línea muy noble, rico en poesía y elocuencia, está basado, como suele estarlo el teatro de este autor, en una idea central, que, descendiendo del mundo abstracto del pensamiento, intenta encarnarse y vivir como acción. Efectivamente, aquí se alcanza la vida, en los primeros tres actos, en las figuras de Clara y de su padre, que se enfrentan, o como enemigos, o como cómplices, empujados por la violencia de la misma pasión.
E. C. Valla

