[Fede e Bellezza]. Novela de Niccoló Tommaseo (1802-1874), editada en 1840, y con adiciones y correcciones en 1852. María, hija de un corso y una sienesa, queda huérfana, marcha a París con una señora llamada Blandin, y dominada por sus interesadas sugerencias, cede al capricho de un conde ruso, que pronto la abandona. Cuando queda sola, es engañada de nuevo por un estudiante. Regresa a Italia y allí conoce a un comerciante, y con la esperanza de casarse con él va en su busca a Lyon; pero éste ha sufrido una bancarrota y ha desaparecido. Desesperada y enferma, acepta el ofrecimiento de un buen sacerdote, quien la envía a su hermana, residente en Quimper, en la Bretaña. Allí encuentra a Juan, escritor inquieto y vagabundo; le confiesa su propia vida y lee la de él en un diario. El amor nace circunspecto y temeroso en aquellos dos corazones puestos a prueba por las desilusiones y la desventura. Pero una vez superados los malentendidos, acaban por fundirse en una segura comprensión y María deja finalmente desbordar todo lo que, puro y generoso, se había mantenido oculto en ella a causa de la maldad o de la negligencia de los demás.
Los esposos se dirigen a Italia, luego vuelven a Francia, donde Juan es herido en un duelo que sostiene defendiendo el honor de Italia, mientras María vuelve a recaer en su dolencia. Tornan a la quietud de Quimper y allí muere María por consunción. La novela, escrita en Francia, denota la influencia de Sainte-Beuve y de George Sand, y es el primer ejemplo, en Italia, de novela psicológica. El diario de Juan — impresiones fugaces de lugares diversos, alusiones a experiencias amorosas, galería de retratos femeninos — es evidentemente autobiográfico. La religiosidad y el fin moral no impidieron que el libro produjese escándalo en Italia, y es sabido que Manzoni lo definió como un «revoltijo medio jueves lardero, medio viernes santo», por cuánto tiene de combinación de sensualidad y de misticismo. Posee delicadeza psicológica y páginas líricas; carece de construcción y un relieve preciso de los personajes, pues todos hablan de un mismo modo. El estilo, en su empeño por aparecer sencillo y conciso, resulta con frecuencia afectado y fatiga a fuerza de usar locuciones y palabras ingratas e insólitas, de la lengua toscana, que emplea por mero gusto lexicológico. P. Onnis
El librito Fe y belleza es una verdadera pinacoteca de retratos femeninos, tan cortejados y queridos, o al menos fascinadores y desconcertantes, que podría decirse el «harem» de un voluptuoso. (B. Croce)

