Fetonte, Niccoló Jommelli

Melodrama en tres actos con música de Niccoló Jommelli (1714-1774) sobre libreto de Mattia Verazi (siglo XVIII). La primera representación tuvo efecto en 1768, con ocasión del aniversario del naci­miento del duque Carlos de Würtemberg, en el teatro de Ludwisburg. Se conserva un manuscrito de la obra en el archivo del teatro de Stuttgart; existen otras copias en Bruselas y en otros lugares. Una magnífica edición moderna de la partitura está en el volumen 32-33 de los Denkmáller deutscher Tonkunst, a cargo de Hermann Abert. Jom­melli compuso otra obra con el mismo tí­tulo sobre texto de un cierto Villati (primera representación en Stuttgart, en 1753); sólo se ha conservado de ella el libreto, más cálido que el de Verazi. Por otra parte, am­bos libretos son casi una traducción literal del segundo canto de las Metamorfosis (v.) de Ovidio, en donde se cuenta que Faetonte (v.), hijo de Apolo (v.), para demostrar su origen divino puesto en duda por Epafo, obtuvo de su padre que le dejara guiar por un día el carro del Sol; pero después, no siendo capaz de dominar los caballos alados, provocó incendios y desastres en el cielo y en la tierra, hasta que fue pre­cipitado del carro por Júpiter.

Verazi ha dado más relieve al drama interior de Fae­tonte y, sobre todo, a la figura de su madre, Climene — también tomada de Ovi­dio—, la cual casi tiene el papel de pro­tagonista; además, siguiendo el gusto melo­dramático de su tiempo, complicó la trama con episodios de amor y empresas bélicas (el amor entre Faetonte y Libia, hija de Climene y de Mérope, amada en vano por Epafo, rey de Egipto; el amor de Orcano, rey del Congo, por Climene; por fin, la am­bición de estos dos reyes para repartirse el reino de Climene, ambición que se sobre­pone a cualquier otro sentimiento) y ha desenvuelto ampliamente los elementos de­corativos sugeridos por el texto de Ovidio, añadiéndole otros nuevos, que constituyen casi la parte preponderante, como se ve en las escenas de las grutas de divinidades marinas, en la representación del palacio real del Sol, y especialmente en el larguí­simo cuadro final, en el que, después de la catástrofe cósmica y de la caída de Faeton­te, Climene se arroja al mar para seguir la suerte de su hijo, Libia muere de dolor y los demás huyen horrorizados. La música de Fetonte es muy adecuada para dar idea de los méritos y de los defectos de un músico tan poco conocido como Jommelli y se puede también decir que, en el gé­nero convencional del melodrama italiano del siglo XVIII, representa un ejemplo par­ticularmente genial. La forma es la usual en su tiempo, es decir, una sucesión de pie­zas sueltas, arias, dúos, tercetos y coros, separados por recitativos con o sin acom­pañamiento (los primeros con un solo cémbalo, los otros con toda la orquesta), pero está tratada por Jommelli de modo bastante fino y variado.

La parte solista es rica en melodía y digna e interesante en la forma, si bien abundan en ella las fiorituras virtuosistas, inevitables concesiones al gusto de su tiempo; el coro tiene bastante importan­cia; la parte instrumental constituye algo más que un simple acompañamiento, el cuarteto de violines tiene plenitud de ar­monía y de contrapunto (a menudo tienen también las violas parte independiente), y los instrumentos de viento completan la sonoridad con toques y colores delicados. El conjunto del drama musical es ficticio, porque los personajes, tanto en la poesía como en la música, carecen de vida interior, poseen sólo impulsos líricos y contrastes psicológicos fragmentarios que a menudo terminan en lo jocoso y ridículo. Sin em­bargo, conserva la belleza poética de algu­nos trozos, belleza que avalora el trabajo de cincel del conjunto. Pero ningún pasaje alcanza la suavidad del breve trozo de con­junto que sigue a la introducción de la orquesta, cuando Climene, tenuemente acom­pañada por un coro de tenores y por la orquesta, invoca el socorro de su madre Tetis acercándose a su gruta («De los líqui­dos reinos, de los antros remotos / Res­ponde a mi voz, oh madre piadosa», etc.). Entre las arias más bellas recordemos las de Faetonte «Mis desvaríos», «Siempre fiel» y, especialmente, «Sombras calladas / que aquí tenéis la sede», llena de misteriosa dulzura, creada en gran parte por la sono­ridad orquestal. Muchas otras son, por el contrario, sólo decorativas y. convenciona­les. La decoración hace pesada toda la obra y especialmente el último acto; tam­bién las pantomimas, cuya música no se ha conservado. No obstante este defecto, Fetonte es una de las mejores obras de Jommelli y del siglo XVIII napolitano.

F. Fano

*   Faetón es también el título de un poema (1663) del flamenco Joost van den Vondel (1587-1679).

*   Gian Battista Lulli (1632-1687), sobre li­breto de Philippe Quinault (1635-1688), es­cribió la obra Phaeton, representada en Pa­rís en 1683.

*   En el mismo asunto se inspiraron Alessandro Scarlatti (1660-1725), en la obra Fe­tonte, con libreto de De Totis (Nápoles, Pa­lacio Real, 1685); Pietro Domenico Paradies (1710-1792), Londres, 1747; Heinrich Graun (1703-1759), en la obra Faetón (1750); y Camille Saint-Saéns (1835-1921), en el poe­ma sinfónico Phaeton, op. 37 (1877).