Melodrama en tres actos de Ottorino Respighi (1879-1936), con libreto de Claudio Guastalla, tomado de La Bruja [The Witch] de G. Wiers Jensen, y representado en Roma en 1934. En Rávena, en la casa del exarca Basilio, su vieja madre, Eudoxia, vigila el trabajo de las esclavas; con ella está Silvana, la joven esposa del maduro representante de la emperatriz de Bizancio, Irene. De pronto aparece en la escena, perseguida por una muchedumbre tumultuosa, la vieja Inés de Cervia, acusada de brujería, que obtiene asilo de Silvana, en nombre de su madre, que también conoció el arte de los maleficios. Apenas escondida Inés, llega Donello, hijo de Basilio, pero su conversación con la madre queda interrumpida por la multitud que logra entrar en el palacio y arrojar fuera de él a la vieja mendiga, a la que lleva al suplicio, en tanto que Eudoxia predice igual fin a quienes abrieron la puerta a la bruja. En el segundo acto, Silvana siente que se hace más fuerte el sentimiento que la impulsa hacia Donello, tanto que, aterrorizada por ser hija de una maga, quiere comprobar si también ella posee el poder de las evocaciones. Susurra el nombre de Donello y pronto se le aparece a sus espaldas y le da el beso de perdición.
En el tercer acto, para interrumpir el idilio de Donello y Silvana, llega Basilio con una orden imperial que aleja a Donello de Rávena. Silvana trata de obtener la revocación de la orden. Visto que sus súplicas son inútiles, acusa a su viejo marido de haber disipado su juventud y pide para él la muerte. Como herido por un rayo, Basilio cae privado de vida, en tanto que Eudoxia acusa a Silvana de haberle matado con sus malas artes. La obra termina con la muerte de Silvana, llevada al suplicio por la multitud ante la iglesia de San Vitale, en tanto que Donello, atemorizado, la abandona a su destino. Musicalmente, la obra, definida por el autor como «melodrama», revela el intento de adaptarse a las formas tradicionales de la ópera italiana, a la vez que el de hallar la sencillez tanto en la estructura orquestal como en la vocal. Respighi se asemeja a Monteverdi, especialmente en los pasajes donde se sirve del clásico «basso ostinato» usado por Monteverdi en la Coronación de Popea (v.), por ejemplo, en el episodio en que Silvana se pregunta si, gracias al poder mágico transmitido por la madre, estará en condiciones de subyugar a Donello: sus palabras son anunciadas en la orquesta por los bajos, con un movimiento lento sincopado, mientras que después un persistente crescendo parece que se proponga exteriorizar los sentimientos más recónditos que Silvana no sabe expresar con palabras.
El ambiente bizantino en que se desarrolla el drama, está hábilmente sugerido por ciertos adornos — usados especialmente en los coros religiosos — que recuerdan la música litúrgica de la Iglesia griega. Son interesantes los coros y los diálogos de las esclavas, que inician el primero y el segundo actos. Entre las páginas más bellas está el comentario de la orquesta al primer coloquio entre Silvana y Donello, mediante un diálogo entre los instrumentos de cuerda y el clarinete, interrumpido a veces por el oboe y el violoncelo, que, dentro de su simplicidad, prepara la atmósfera febril y alucinada en que el drama debe precipitarse.
L. Fuá

